Pensando en el día de la madre
Se acerca el día de la madre y me puse a pensar en aquellas mamás que admiro. Las admiro en realidad a todas por aceptar aquella hermosa misión de generar vida, de transmitirla y de educarla. Pero dentro del universo inmenso de las madres hay un subgrupo: es el de aquellas que tienen hijos enfermos o con cualquier tipo de discapacidad. Esa sí que es una labor heroica. Y más en estos tiempos.
Muchas de ellas se enteran en el momento de la gestación que su hijo viene con alguna anomalía en su salud y no dudan en que su embarazo continúe aunque los médicos, ginecólogos, amigos o parientes las quieran convencer de “interrumpir su embarazo” “¿Te vas a dedicar a cuidar un niño enfermo?” “¿Vas a permitir que tu hijo sufra?”. Son algunas preguntas que buscan disuadirlas. Para las mamás de las que hablo no hay otra opción sino la de dar vida y aceptar con alegría ese nuevo hijo. Entienden que si el bebé tiene alguna enfermedad, malformación o síndrome es porque desde ese estado de vida podrá aportarles muchísimo a ellas y a sus familias, hacerlas amar más, recordarles el valor de las cosas sencillas y esenciales.
El pasado sábado asistí al bautizo de una bebé de 11 meses quien tuvo que nacer cuando su madre tenía seis meses de embarazo después de una ecografía en la que le detectaron que estaba teniendo un derrame cerebral. Desde entonces la niña ha tenido siete cirugías en el cerebro. Tiene limitaciones para moverse y los médicos están buscando detectar qué otras consecuencias a largo plazo va a tener su salud mental y física. De hecho no será una niña completamente sana. Muchas personas hemos estado unidas en torno a su madre, orando por su hijita y muy tocados por el testimonio de esta valiente mujer. Ha tenido que hacer grandes renuncias, como dejar su trabajo para dedicarse a su niña tiempo completo. Nunca la he visto más feliz. El padre de la niña, al final la ceremonia, agradeció entre lágrimas a los invitados y nos dijo que la misión de su bebé estaba siendo muy poderosa porque estaba uniendo a personas de diferentes culturas y credos en oración y solidaridad en torno a ella ¡Y a eso llamamos una persona con discapacidad!
Este tipo de madres comprenden que su hijo no es un producto que se compra en una tienda y se cambia o deshecha si no sirve. Para ellas un hijo es un don que se recibe con amor y se educa con dedicación. Sean lúcidos, sanos, pequeños geniecitos o estén enfermos, limitados, pero con un gran corazón y con mucho que aportar a sus padres y hermanos. Obvio que todas las mujeres quisieran que sus hijos nazcan sanos e inteligentes. Es muy natural que cualquier enfermedad las haga sufrir. Pero el sufrimiento de estas madres se transforma en amor. Para ellas no hay peor amargura que la que genera eliminar la vida si esta no viene con los altos estándares de calidad que ahora exige la sociedad.
Por eso, pensando en el día de la madre, quisiera felicitar a aquellas valientes mujeres quienes, en medio de esta cultura, siguen adelante con su embarazo y dan a luz a un niño discapacitado ante los ojos del mundo pero con una misión muy especial ante los ojos del amor.