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Pensar

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17 de agosto de 2018

Pensar es reflexionar, examinar con cuidado. Pensar distingue al ser humano de los demás seres de la creación. Pensar en realidad es traer con mi mente las personas y las cosas a mí. Del cultivo que hago de mi capacidad de pensar depende la calidad de mis compañías.

Tengo el poder de pensar en mí mismo, en los demás, en el cosmos y en Dios. Es sorprendente que mi pensamiento se refiera ante todo a mí conmigo. Los versos de Lope de Vega me dan esta orientación. “A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / que con venir de mí mismo, / no puedo venir más lejos”.

Me abruma el solo hecho de pensar que viviendo en relación de intimidad conmigo mismo, me mantenga tan lejos de mí mismo, como si una voz secreta me repitiera a cada instante: “¿De quién huyes fugitivo de ti mismo?”.

Mi inquietud crece sin medida si me intereso en sacar tiempo para preguntarme qué es pensar en mí mismo. Cuánto tiempo pienso en mí, por qué pienso en mí, cuándo pienso en mí, cómo pienso en mí y para qué pienso en mí. Modos ilimitados de pensar en mí conmigo.

Cuánto pienso en mis pensamientos, sentimientos, palabras y obras, y más sabiendo que yo soy lo que hago de mí conmigo mismo. Ellos me indican con claridad quién soy para mí. Tarea asustadora la de pensar en mí, que se agranda sin medida al preguntarme cuánto pienso en mis ojos, oídos, olfato, gusto y tacto con el fin de cultivarlos con esmero.

Hablo con la elegancia, simpatía y acogida con que pienso. La intimidad de mis pensamientos aparece en la exterioridad de mis palabras. Escuchándome adquiero la certeza de saber quién soy.

Los pecados capitales o las virtudes contrarias son el vestido que yo les pongo a las personas y las cosas en que pienso. Por lo cual me comprometo conmigo mismo a cultivar con esmero infinito mi capacidad de pensar, pues yo me transfiguro en lo que pienso durante todo el día.

Compromiso enorme el que propone San Juan de la Cruz. “Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo, por tanto solo Dios es digno de él”. Si un solo pensamiento mío vale tanto, cuánto más no valgo yo. Constatación que me deja perplejo.

Pensar en Dios, que me es más íntimo que yo a mí mismo, es el pensamiento de los pensamientos. Cuánto más pienso en Dios, más divino me vuelvo. Dime con quién andas y te diré quién eres.