PERIODISMO CORAJUDO
Celebro como cinéfilo que The Post, o Los papeles secretos del Pentágono, haya aparecido por fin, aunque de modo algo discreto, en la cartelera cinematográfica local. Es la oportunísima recordación histórica del papel ejemplar de The Washington Post, pero, sobre todo, de los legendarios Editora y Jefe de Redacción, Katharine Graham y Benjamin Bradlee.
La sola presencia de dos actores del talento, el carácter y la respetabilidad de Meryl Streep y Tom Hanks y de un Director de la jerarquía de Steven Spielberg es garantía de calidad para un filme que por obvias razones está nominado al Oscar y ante el cual ningún espectador debe sentirse decepcionado. The Post es una demostración de la fuerza de atracción del cine como fuente de conciencia histórica y ética.
La difusión de Los papeles del Pentágono, que puso en evidencia la ocultación, la hipocresía, el sigilo mañoso y la manía de mentir cohonestados por cuatro gobiernos sucesivos para torcer el curso verdadero y tergiversar el sentido de los desastres de la Guerra de Vietnam ha sido uno de los momentos estelares del periodismo, puesto hoy en día contra la pared por un mandatario que frecuenta sus arremetidas de invectivas y dardos envenenados para descalificarle una autoridad moral que, pese a errores e inconsecuencias propios de toda obra humana, constituye un modelo de valor civil e integridad en el cumplimiento de responsabilidades con los ciudadanos.
Es posible que la señora Graham y el mítico Ben Bradlee hayan sentido algo de miedo, de susto, cuando compartieron la resolución de enfrentársele al poder. Las prohibiciones y amenazas gubernamentales y judiciales eran colosales. Los riesgos para el periódico, para su gente y para ellos mismos no eran subestimables. Pensaba titular esta columna así, Periodismo sin miedo. Pero opté por exaltar el ánimo corajudo, el valor como atributo esencial, resultado de la entereza intelectual y ética, la vocación inquebrantable de servicio y la capacidad de asumir las consecuencias de semejante decisión editorial y de justicia.
Me encantaría si los estudiantes, estudiosos y profesores de periodismo refrescaran sus conocimientos sobre la historia de esta cultura profesional y vieran esta película, si todavía no la han visto. The Post, con otros filmes afines, constituye un testimonio contundente de independencia frente al poder y aporta un argumento espléndido para controvertir o replicar a quienes suelen culpar a “los medios” de todo lo aberrante que sucede (al estilo Trump), como si no hubiera, tanto en Estados Unidos y Europa o en cualquier otro lugar del planeta, como aquí en Colombia y en Medellín, modelos de verdad ejemplares de valor. Esta película es de lo máximo que ha producido la potente empresa civilizadora del cine en defensa del periodismo armado de verdad y de coraje.