Columnistas

¿Perros falderos o mediadores de palabra?

Loading...
25 de noviembre de 2017

Por Juan David Londoño B.
Universidad EAFIT
Ingeniería de Sistemas, 2° semestre
jdlondonob@eafit.edu.co

El Gobierno debe tomar una decisión sin rodeos, evaluando los riesgos y ¡rogándole a cualquier santo que ojalá y no metan la pata!

Si deciden seguir lo pactado en La Habana, la consecuencia es rotularnos ante los yanquis como un país descertificado por incumplir con los acuerdos internacionales en materia de drogas, lo que nos generaría sanciones económicas. Por el contrario, si anteponemos nuestra “amistad ciegamente leal” (esa que nos ayudará en el 2018 con 391 millones de dólares) aseguraríamos el apoyo de uno de nuestros mayores aliados a costa de sufrir las inciertas consecuencias que amenazarían el acuerdo de paz y perjudicarían los ecosistemas fumigados con glifosato.

Por donde se le mire ganamos un aliado y un enemigo, pero los colombianos no debemos sucumbir ante las presiones de EE. UU., incluso cuando el presupuesto para el plan Paz Colombia puede verse comprometido.

El glifosato representa un riesgo no sólo para los ecosistemas sino también para la población cercana a ellos. Estudios de la IARC mostraron que dicho agente puede ser causal de hasta cuatro tipos de cáncer, abortos y enfermedades respiratorias. Además, este herbicida no es completamente efectivo, pues aunque acaba con las hojas de coca, no evita que las semillas germinen, por lo que el riesgo no erradica el problema definitivamente.

Igualmente, fumigar con glifosato no solo es perjudicial, sino ridículamente costoso; una hectárea le cuesta al Estado 2.400 dólares, y como la tasa de efectividad es tan baja, erradicarla completamente cuesta 57.150 dólares. Si bien, aunque resulta ser una solución rápida a corto plazo, su efectividad es cuestionable a largo plazo. Además, la ruptura de los compromisos pactados en los diálogos embrollaría lo logrado hasta ahora con las Farc, que se ha mostrado dispuesta a cooperar en la erradicación de cultivos.

A pesar de que los gringos representan para Colombia un aliado importante en materia económica, considero que, como se lo dijo De la Calle a Uribe, “la ropa sucia se lava en casa”. El gobierno debe buscar una solución que beneficie nuestros intereses por encima de los externos, incluso si esto conlleva perder el apoyo de terceros en la esfera internacional, pues debemos optar por una decisión que afecte en menor grado los recursos y la biodiversidad colombiana.

*Taller de Opinión es un proyecto de El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
joven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidades
e instituciones vinculadas con el proyecto.