Perspectivas y políticas
La Ocde y la Fao publicaron el documento “Agricultural Outlook 2016-2025” en el que se analizan las perspectivas de desarrollo de la agricultura mundial para los próximos diez años.
Estas organizaciones consideran que, a diferencia de lo que ocurrió recientemente cuando los precios internacionales de los bienes agrícolas presentaron tendencia al alza, hacia adelante es muy probable que dichos precios (en términos reales) se mantengan relativamente estables.
Sin embargo, se espera que los precios de los bienes pecuarios muestren tendencia al alza en relación con los de los productos agrícolas. La razón es que se estima que el mayor ingreso per cápita de los consumidores de las economías emergentes estimule la demanda de carne de res, pescado y pollo. Esto, a su vez, generará un mayor consumo de cereales utilizados en la alimentación de los animales, como son el maíz y el sorgo.
Las mayores demandas de alimentos a nivel planetario, como consecuencia del crecimiento poblacional y de mayores niveles de ingresos per cápita, deberán ser satisfechas por incrementos en la producción agrícola mundial, los cuales, en un 80 por ciento, deberán provenir de aumentos en la productividad de los cultivos.
Esto, en la práctica, significa que no se esperan grandes expansiones en el área sembrada.
De cumplirse con este escenario, y sin que la humanidad adopte medidas adicionales para reducir el hambre en el mundo, la Ocde y la Fao estiman que la población en esta condición pasará de 800 millones a 650 millones en 2015.
Esto implica que la meta que adoptaron los países a finales de 2015 de erradicar el hambre en 2030 muy seguramente no se alcanzará.
Por tanto, para el período 2016-2025, los dos grandes retos que tiene el sector agrícola a nivel mundial son: asegurar un crecimiento sostenido de la productividad agrícola y garantizar que desaparezcan de la faz de la tierra el hambre y la malnutrición. Ello deberá alcanzarse en el marco de un desarrollo ambientalmente sostenible.
En esta perspectiva, se considera que los gobiernos deberán asegurar la puesta en marcha de buenas políticas agrícolas.
Para tal fin, en la reunión de los ministros de Agricultura de la Ocde realizada a principios de abril de 2016, se formuló un conjunto de recomendaciones de política para lograr un “sistema alimentario mundial productivo, sostenible y resiliente”.
Entre ellas se destaca la necesidad de que las políticas agrícolas sean coherentes con las adoptadas a nivel global. De igual manera, se espera que estas hagan de la innovación una prioridad, como medio para alcanzar el crecimiento sostenido de la productividad.
También se enfatiza en los criterios que deben cumplir las políticas agrícolas. Estos son: que sean transparentes, focalizadas, diseñadas a la medida, flexibles, compatibles y equitativas.
Adicionalmente, se recomienda que los países mejoren la eficiencia de los pagos directos y eliminen paulatinamente los apoyos a los precios de mercado, los pagos basados en la producción y los subsidios a los insumos.
Por tanto, la superación de las distorsiones de política existentes a nivel global constituye el factor determinante para asegurar el desarrollo de la agricultura mundia.