Pisoteando las armas
Es muy simbólico que las armas de las extintas Farc sean ahora el piso de una casa museo en Bogotá. Armas fundidas que ya no matarán más colombianos: los colombianos podrán caminar sobre ellas, pisotearlas. Es el contra monumento que hizo Doris Salcedo y que fue martillado por las mujeres violadas en el conflicto.
Qué bello es para el país, en esta Navidad, saber que 37 toneladas de armas que se usaban en Colombia para matar, salieron de circulación. La pedagogía y reflexión surgida de este proceso ha permitido que al menos ya una generación de colombianos sepan y entiendan que el camino armado no es adecuado ni eficaz. Que en el país seguimos padeciendo violencia armada sí, pero no como la impuesta por las Farc y su engendro de la Coordinadora Nacional Guerrillera, en los años 90 del siglo XX. ¿Acaso se nos olvidó ya, país de memoria corta?
Es cierto que falta mucho camino por recorrer, nadie lo niega. Sobre todo un camino que consiste en crear condiciones sociales y económicas adecuadas para evitar la pobreza extrema, que muchas veces en este país es caldo de cultivo para la violencia. Y condiciones culturales suficientes para evitar que personas privilegiadas y sin necesidad esquilmen al erario público, creyéndose con derecho a ello; y condiciones culturales para evitar que ciertas personas quieran de por vida todo regalado y sin esfuerzo, chupando del erario público con beneficios estatales de toda índole.
Lo ideal hubiera sido que después de una transformación política, social, económica y cultural las armas hubieran perdido su fuerza, pero no fue así. Sin embargo, ahora tenemos un hecho concreto: se lograron acallar toneladas de armas que ya están destruidas; lo que falta es lo más difícil: crear condiciones estables y permanentes para que a nadie se le vuelva a ocurrir usar el camino armado para lograr condiciones de vida decente para todos.
La artista Doris Salcedo ha construido su obra “Fragmentos” con las armas de las Farc, un contramonumento con una poderosa carga simbólica: si se lograron fundir las armas, también se puede fundir el odio, como dijo una de las víctimas.