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¿PODEMOS DETENER EL TERROR CON CAMIÓN?

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18 de julio de 2016

Por ALI H. SOUFAN
redaccion@elcolombiano.com.co

El ataque terrorista con un camión el jueves en Niza, Francia, fue impactante en su resultado, 84 muertos y cientos de heridos, pero no lo fue en sus métodos. Los yihadistas por mucho tiempo han invitado a simpatizantes para que transformen vehículos de uso diario en instrumentos de matanza masiva.

Hace seis años, la revista de habla inglesa de al-Qaida, Inspire, la publicación que le enseñó a los atacantes de la maratón de Boston cómo manufacturar bombas con ollas de presión, explícitamente invitó a ‘lobos solitarios’ para que embistan a peatones con sus carros. Más recientemente, el vocero principal del Estado Islámico, Abu Mohammad al-Adnani, ha hecho un llamado para tácticas similares.

Pero la escala de la matanza en Niza representa un desarrollo espeluznante nuevo, y uno que da pie a temores justificados de ataques copiones y al surgimiento de preguntas sobre qué se puede hacer, o si se puede hacer algo.

En Francia, la respuesta parece ser que no. “Los tiempos han cambiado, dijo el primer ministro Manuel Valls. “Francia se va a tener que acostumbrar al terrorismo”

Pero el verdadero problema es que Occidente ha perdido su enfoque, preocupado por detener a terroristas individuales en lugar de debatir una estrategia a largo plazo.

Si queremos eliminar esta amenaza, Occidente tiene que hacer grandes cambios. Primero, reconocer que la ocupación de largas secciones de Irak y Siria por parte del Estado Islámico no es una tragedia lejana, sino la fuerza motivadora detrás de estos ataques.

Teóricamente, los Estados Unidos lideran una coalición de 65 naciones contra el Estado Islámico. En realidad, la mayoría de estos países hacen poco más que hablar duro. Este manejo abúlico fracasó en el intento por derrotar al Estado Islámico; su fracaso le da validez a las declaraciones del grupo en cuanto a que es invulnerable y elegido por Dios. Lo mismo aplica a otras organizaciones extremistas que ocupan territorios, como al-Qaida en la Península Arábica y los varios grupos luchando unos contra otros por el control de la costa de Libia.

Además, demasiados países en la región ven al Estado Islámico como una amenaza secundaria, subordinada ante rivalidades sectarias. Occidente podrá estar harto de la guerra, pero tomando prestada una frase, la guerra no está harta de nosotros. Solo destrozando el Estado Islámico como organización podremos deslegitimarlo como una fuente de terrorismo global.

Al mismo tiempo tenemos que tener cuidado de no caer en la trampa común de creer que la fuerza militar es suficiente. Además de negarle al Estado Islámico y demás territorio físico, les tenemos que negar la habilidad de alcanzar las mentes de posibles reclutas.

La vida para millones de jóvenes en el mundo islámico, y enclaves musulmanes en el occidente se caracteriza por desempleo crónico, abismales oportunidades de educación, dislocación local y amplia corrupción o indiferencia gubernamental. En su propaganda bien producida, el Estado Islámico promete lo contrario: una vida de camaradería, aventura, realización espiritual y una oportunidad de crear una utopía islámica.

En cambio, tenemos que trabajar de la mano con países en el Medio Oriente y más allá para ponerles fin a las condiciones de la sociedad que promueven el extremismo. Tenemos que presionar para ponerle fin a la represión y la corrupción, y por lo tanto dejar claro que los yihadistas no tienen monopolio sobre el rechazo de políticas fracasadas. Tenemos que ofrecer apoyo político y económico para llenar los vacíos de poder que los terroristas con frecuencia explotan. Tenemos que trabajar para mejorar la educación y darles a los jóvenes un mejor futuro, así como las habilidades de pensamiento crítico para rechazar las falsas promesas del extremismo.

Nada de esto puede prevenir el siguiente ataque, y es probable que más personas inocentes pierdan sus vidas antes de que el Estado Islámico y al-Qaida finalmente sean derrotados. Pero ese día nunca llegará si no ajustamos el enfoque de nuestros esfuerzos hacia hacer lo que realmente importa