Columnistas

POLICÍA Y EJÉRCITO... GRANDES

19 de julio de 2016

El paro nacional de camioneros completa ya más de cuarenta días y los estragos de esta protesta empiezan a sentirse en el país, en los departamentos y, como es lógico, en las ciudades. Este hecho ha llevado a que el país viva una situación cada vez más crítica. Algunos municipios afrontan desabastecimiento de alimentos, lo que ha llevado a un encarecimiento de gran parte de los productos de la canasta familiar. La producción de varias plantas se suspendió por falta de materia prima y parte de las vías nacionales fueron bloqueadas para evitar que los camioneros que quieren continuar trabajando lo hagan. Creo con firmeza, y más allá de que se puede estar o no de acuerdo con los paros, que son una forma de protesta legítima y constitucional, a la que tienen derecho los trabajadores. Pero también creo, que esa misma esencia que las valida obliga a que este tipo de manifestaciones se adelanten de manera pacífica y respetuosa tanto con las autoridades, como con los integrantes del gremio que no comparten el cese de actividades. Y es justo la violación de este último principio lo que ha hecho necesaria la intervención de las autoridades para acompañar las caravanas, y garantizar la seguridad de los conductores que se han apartado del paro.

En efecto, quiero hacer un reconocimiento sentido a los más de 160.000 policías que a diario se levantan con un solo propósito: brindarnos seguridad a los colombianos de bien que creemos que un mejor futuro. Y es que a pesar de las dificultades que han vivido instituciones como la Policía Nacional, en momentos específicos de corrupción o casos como la comunidad del anillo, estoy seguro que estos hechos que enlodan el buen nombre de una Institución, son puntuales y aislados, y que nada tienen que ver con el grueso de sus integrantes, ni con la filosofía de la Institución.

Por estos días que se han coordinado las caravanas, movilizando la carga de las empresas en Colombia, he tenido la oportunidad de observar como estos hombres de acero, en sentido estricto de la palabra, las lideran durante trayectos de más de 12 a 14 horas en sus motos, sometidos a las inclemencias del tiempo, al cansancio o incluso a los ataques de los manifestantes en la vía. Y esto lo hacen sin descanso, pues terminado el recorrido de ida, con apenas unas pocas horas de sueño para reponerse, deben emprender la vuelta al frente de las caravanas, con la responsabilidad de proteger a los camioneros de cualquier peligro que pueda surgir. Y qué decir de la Policía Esmad, muchas veces todos olvidamos que, tras esos pesados trajes negros, tras su aparente rudeza y fortaleza, se esconden colombianos de bien, con esposas e hijos que los esperan en sus casas, mientras ellos deben arriesgar su integridad personal para garantizar la seguridad de todos, aun en los rincones más apartados e inhóspitos de Colombia.

En este orden de ideas, no puedo dejar de reconocer el trabajo valeroso de nuestro glorioso Ejército de Colombia que con sus más de 600.000 hombres en todo el territorio respalda y realiza actividades muchas veces invisibles para todos los colombianos.

Reconocemos que hoy llegan alimentos y productos a todo el territorio gracias a estos héroes de la patria. Gracias, a la Policía y al Ejército, por estar allí presentes, gracias por entregar sus vidas en cada momento por los colombianos. Definitivamente ustedes son verdaderos héroes en Colombia.