Por SARAH HARRISON *
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El Departamento de Justicia de Obama sigue persiguiendo su investigación criminal de seis años contra WikiLeaks, la más grande de su estilo, de la publicación de documentos clasificados y artículos sobre las guerras en Irak y Afganistán, la Bahía Guantánamo y el primer año de Clinton como secretaria de Estado. Según el testimonio de un agente de la FBI, la investigación incluye a varios de los fundadores, dueños y administradores de WikiLeaks. Y el mes pasado a nuestro editor, Julian Assange, quien tiene asilo en la Embajada de Londres en Ecuador, le retiraron su acceso a internet.
Puedo entender la frustración, por más que sea inapropiada, de los seguidores de Clinton. Pero los empleados de WikiLeaks están comprometidos con el mandato establecido por Assange, y no nos vamos a retirar, sin importar cuánto abuso sufra él. Eso es algo por lo cual los demócratas, junto con todos los que creen en la responsabilidad de los gobiernos, deberían sentirse felices.
A pesar de la creciente presión legal y política que viene de Washington, seguimos publicando material valioso, y las sumisiones siguen llegando. Hay una necesidad desesperada por nuestro trabajo: el mundo está conectado por redes en gran parte inexplicables de poder que atraviesan industrias y países, partidos políticos, corporaciones e instituciones; Wikileaks trae a estos a la luz revelando no solo incidentes individuales, sino información sobre estructuras enteras de poder.
Mientras que un solo documento podría dar una idea de un evento particular, la mejor manera de echar luz sobre un sistema completo es descubrir completamente los mecanismos alrededor de él, la jerarquía, ideología, hábitos y fuerzas económicas que lo sostienen. Son las tendencias y detalles visibles en los grandes archivos que nos comprometemos con publicar los que revelan los detalles que nos cuentan sobre la naturaleza de estas estructuras. Son las constelaciones, no las estrellas por sí solas, lo que nos permite leer el cielo nocturno.
Hay dos mitos contradictorios sobre la manera en la cual operamos: por un lado, que simplemente vertemos lo que nos pase por delante en manos del público; y por otro, que elegimos material para hacer daño a nuestros supuestos enemigos políticos.
No hacemos ninguna de estas cosas. Sí, creemos en la integridad del material fuente, para conservar colecciones inmaculadas de documentos, y tratamos de hacer que este historial sea asequible al público. Publicamos material completo, íntegro y sin censura. Pero también investigamos, validamos y contextualizamos las sumisiones que recibimos. Aunque podrá ser difícil equilibrar las necesidades del público de tener acceso oportuno a grandes archivos con privacidad individual, tales preocupaciones han sido en su mayoría innecesarias.
WikiLeaks ha transformado a más de 10 millones de documentos en una base de datos única, lo cual no solo convierte a nuestra página web en la biblioteca más grande del mundo para información suprimida, sino también habilitando mayor contextualización por medio de relaciones a través de publicaciones.
WikiLeaks depende de la invención de nuestro editor de un sistema de sumisión por internet seguro y anónimo
WikiLeaks seguirá publicando, promoviendo la transparencia donde la norma es lo secreto. Aunque las amenazas contra nuestro director están aumentando, Assange no está solo, y sus ideas nos siguen inspirando a nosotros y a personas alrededor del mundo.
*Sarah Harrison es periodista y editora de WikiLeaks