POR QUÉ TRUMP NO ES COMO LOS DEMÁS EVASORES
Por Ted Gup
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La noche del primero de diciembre de 1969, yo estaba sentado en el piso de una alcoba hacinada de la Universidad Brandeis mientras que en la televisión mostraban fechas de nacimiento de hombres a través de la nación en cápsulas azules pequeñas, que eran sacadas de un recipiente. Esta lotería en gran parte determinaría quiénes, de entre los más de 850.000 elegibles para el reclutamiento, irían a Vietnam y quiénes quedarían atrás para continuar con sus carreras, libres de la amenaza de fuego enemigo.
Recordé esa noche el martes mientras leía sobre sus múltiples prórrogas estudiantiles y los espolones que Donald Trump dice lo eximieron del servicio militar. Yo no soy fan de Trump, pero en este asunto, no estoy en posición de juzgarlo. Yo tuve el dudoso honor de ser elegido primero en esa lotería de 1969, junto con todos los hombres aptos que compartían mi cumpleaños, 14 de septiembre. Pero yo no presté servicio. Justo antes de graduarme, utilicé a un siquiatra quien, por un precio, juró que yo sufría de delirios de grandeza porque quería ser escritor y viajar por el mundo. Es chistoso como la verdad puede ser tergiversada y convertirse en algo tan poco honorable.
Trump y yo estábamos entre esos hijos favorecidos que pudieron encontrar una salida relativamente fácil del reclutamiento. Pero el Sr. Trump aún sobresale.
Yo entré en el campo del periodismo, y una de mis primeras tareas fue entrevistar a exprisioneros de guerra de Vietnam para artículos sobre respuestas cambiantes a la interrogación y la tortura. No pude evitar pensar en lo que estos prisioneros de guerra tuvieron que soportar mientras yo leía a Horacio y Catulo en la biblioteca. A través de asignaturas futuras, llegué a conocer mejor el calibre de los hombres junto a los cuales yo habría luchado.
Ahora con 65 años, he dejado atrás la época del debate interno sobre si era cobardía o arribismo, o lo más probable alguna combinación de los dos, lo que llevó a mi decisión de no prestar servicio.
Yo no guardo resentimiento contra Trump por usar prórrogas que muchos otros buscaron. Eso sería el colmo de la hipocresía. Pero me deja boquiabierto ver a alguien que carga con el peso de haber visto a otros ir a la guerra en su lugar -amigos, vecinos, compañeros de clase, colegas- puede burlarse de aquellos que dieron tanto por el país. Esta es una prueba de humanidad básica y autorreflexión que es, al menos entre quienes yo conozco que no fueron a la guerra, aumentada, no disminuida.
La falta de nobleza de la era de Vietnam, la corrupción y manipulación del reclutamiento, el desproporcionado número de pobres y minorías que fueron obligadas a prestar servicio, la habilidad de gran parte de la nación de seguir con sus vidas como si no hubiera guerra, creó en muchos de nosotros un sentido especial de propósito, un deseo por redimirse, por cargar con el peso de la ciudadanía, aunque tarde. Como tantas otras deudas, esta obviamente es una que Trump evidentemente no siente obligación por pagar.
Podrá haber sido un espolón lo que hizo a Trump no apto para el servicio, pero como lo observó el padre del soldado muerto, Khizr Khan, es la ausencia de alma lo que lo debe clasificar como no apto para representar a esta nación como comandante en jefe. Nadie con tan poca apreciación por sacrificios pasados debería estar en posición de exigir aún más de otros.