‘Poscese’ y arrocito en bajo
En un tuit del 5 de junio de 2014 decía Fernando Vallejo que “la ventaja de morir en Colombia es que uno se va tranquilo sin saber de dónde vino la bala, si de la derecha o de la izquierda”.
Pues bien, desde que gobierno y Farc decidieron el cese el fuego bilateral, hace varios meses, la bala no ha venido ni de la derecha ni de la izquierda. Se acabó la ventaja de Vallejo, ahora uno se puede morir tranquilo, a secas.
Este lapso impensable se volvió, entonces, un laboratorio de lo que el país será, un tubo de ensayo de la Colombia nunca antes imaginada. Ahora podemos imaginarla, porque ya hay materia de dónde arrancar.
Las noticias de los últimos tiempos se refieren a agarrones extremos entre partidarios del cielo y del infierno, todos eso sí alegando que quieren lo mismo, es decir el paraíso. Pero ninguno dispara la bala que justificaría la ventaja vallejiana de morir aquí.
En los meses recientes las palabras son de pólvora pero de pólvora simbólica. Y la pólvora simbólica viene mojada, no mata. Claro que no hay que hacerse ilusiones. La humedad de la pólvora algún día secará y otra vez el explosivo impulsará la bala.
El verbo encendido tiene capacidad de quemar la pradera y con ella arrasar toda la vida que contiene. Solo que esta desgracia toma muchísimo más tiempo que el instantáneo veredicto del proyectil en el cañón.
Es, pues, un gran logro haber desactivado esta sentencia sumaria que por décadas nos convirtió en matadero público. Los insultos y las miradas torvas de hoy son como el arrocito en bajo, carecen del peligro inminente del fogón pleno. Es dable moderarlos hasta apagar del todo la combustión.
Esta es la tarea del ‘poscese’, neologismo para identificar otra estación de la montaña rusa que es hoy la nación. Como se frenó el ‘posconflicto’, nos contentamos con el ‘poscese’ el fuego que es comprobable y comprobado.
Así que, mientras las cúpulas arreglan los acuerdos, nosotros los transeúntes lentamente nos acostumbramos a no escuchar de muertos en los noticieros. Ni de asaltos, emboscadas, enfrentamientos, cilindros, falsos positivos, aviones que descargan bombas. Quedan solamente aviones que asustan y cortan los discursos.
A ver si el país aprende a descargar la palabra en este ‘poscese’, para que no se vuelva a prender la matazón. A ver si erradicamos incluso el arrocito en bajo de la maledicencia.