¿Pueden Trump y Castro llegar a un acuerdo?
Por Jorge I. Domínguez
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Cuba opera como si tuviera dos partidos, bromeó Raúl Castro en su informe principal al Séptimo Congreso del Partido Comunista Cubano en abril pasado: “Fidel lidera a uno y yo al otro”.
Fue más que solo una broma. Fidel Castro, hermano de Raúl Castro y expresidente, había criticado en publicaciones oficiales la visita del Presidente Barack Obama a La Habana un mes antes -la primera división pública entre los hermanos en cuanto a asuntos de tal importancia. El cambio de Obama sobre la política de Cuba, anunciado en diciembre de 2014, abrió una brecha en el liderazgo cubano, manifestando las diferencias entre los de línea dura del gobierno y los reformistas. El equipo principal de Raúl ha estado negociando y firmando muchos acuerdos prácticos para alterar varios aspectos de las relaciones cubano americanas.
Ahora Fidel Castro está muerto; el régimen osificado que cultivó también está desapareciendo. Raúl Castro ha instaurado cambios de políticas doméstica y extranjera que están en línea con prioridades de política extranjera claves del presidente electo americano, Donald J. Trump, y al mismo tiempo abren la economía y sociedad de Cuba. Una presidencia de Trump que se inclina a formar acuerdos se encontrará con una presidencia que respeta los acuerdos de Raúl Castro. Los acuerdos que heredará la administración de Trump, firmados bajo los tres antecesores de Trump, sirven bien a tanto los intereses de los Estados Unidos y Cuba como a la presunta agenda presidencial de Trump sobre inmigración e intercambio. Revocar o disminuir tales acuerdos, como Trump ha amenazado que hará, hará más difícil para Trump cumplir con ella.
El año pasado, más de medio millón de visitantes de los Estados Unidos pisaron tierra cubana. Temprano en la presidencia de Obama, el gobierno de Estados Unidos liberalizó las normas para enviar transferencias de dinero a Cuba; y gran parte de ello financió la reemergencia de un sector privado de negocios cubano. Transferencias de dinero financian una sociedad civil cubana independiente del estado por primera vez en medio siglo.
Cuba y los Estados Unidos por mucho tiempo han cooperado en asuntos de seguridad e inmigración. Hay coordinación militar en el perímetro de la base naval de los Estados Unidos cerca de la Bahía Guantánamo. Cuba patrulla sus puertos para prohibir la toma no autorizada de barcos o balsas; en sus aeropuertos, monitorea a quienes están a punto de abordar, chequeando visas. La Guardia Costera de los Estados Unidos intercepta a inmigrantes indocumentados en los Estrechos de La Florida y los regresan a Cuba.
Los dos países informalmente han combinado esfuerzos de interdicción de tráfico de drogas desde los años 90, y esto fue formalizado en julio pasado. Cuba ofrece una barrera efectiva contra el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos.
Suponga que usted es el presidente electo de los Estados Unidos. ¿Qué no gustarle? Hace mucho tiempo Cuba adoptó la política de inmigración preferida por Trump: buscar detener la salida y aceptar el regreso de inmigrantes indocumentados. Cuba coopera con la Guardia Costera de los Estados Unidos y la base cerca de Guantánamo para contrarrestar la violencia y el crimen.
Sin embargo, aunque acuerdos económicos hacen énfasis sobre la igualdad de los dos países, algunos de los acuerdos no podrían ser más desequilibrados. Solo aerolíneas americanas vuelan entre los dos países; Cubana de Aviación no lo hace. Y desde finales de 2002 Cuba ha comprado unos $5,3 billones de dólares en productos agrícolas de los Estados Unidos, pagando de contado, mientras que no exporta casi nada a los Estados Unidos.
Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba mejoraron. Eso le sirve a cubanos quienes pueden viajar más libremente, recibir a amigos, alquilar espacio por medio de Airbnb y conseguir capital a través de transferencias de dinero para establecer negocios privados y financiar una sociedad civil independiente. Eso le sirve a americanos quienes se benefician de viaje más libre y cooperación en asuntos como la inmigración, el crimen y el tráfico de drogas. ¿Qué sigue? Depender de decisiones cubanas independientes, unilaterales y soberanas para motivar el cambio.