Pynker y el progreso
A una parte de la humanidad le genera desconfianza el progreso. Son varios los motivos de ese malestar. Los más extremistas piensan en la existencia de una conspiración: un invento novedoso puede generarles la pérdida de su estilo de vida concreto, una disminución de su influencia o una reducción de sus ingresos. Por el contrario, hay quienes piensan que los avances científicos y tecnológicos han traído beneficios en la calidad de vida de la humanidad. En la medida en que la ciencia genera nuevos conocimientos, la tecnología puede apropiarse de ellos con el fin de lograr objetivos específicos o solucionar problemas a la sociedad.
Steven Pinker, conocido profesor de la universidad de Harvard, es un ferviente defensor del progreso y de las posibilidades que brinda. Para comenzar, según Pinker en The economist (The world in 2019, Número especial), el mundo no se puede mirar a través de las noticias porque estas distorsionan la realidad y, al final, nuestra sicología. Para realmente entender el mundo hay que contar, llevar estadísticas, medir para establecer las tendencias en curso. Y los datos muestran que el mundo de hoy es un mejor sitio para vivir que el del pasado.
La prosperidad de las últimas décadas hace parte de un movimiento de más largo plazo. En efecto, desde el siglo XVIII la esperanza de vida a lo largo del mundo se ha incrementado de 30 a 71 años, la pobreza extrema se redujo de 90 % a 10 %, la tasa de alfabetización paso de 12 % a 83 % y la parte de personas viviendo en democracia pasó de 1 % a dos tercios. De otro lado, desde 1945 se redujo el número de países en guerra, los muertos en combate han declinado y se ha mejorado la vida de miles de personas con las revoluciones en los derechos de las minorías. El punto es que la fuerzas (conocimiento, prosperidad, conectividad) que han propiciado el progreso no se detengan. En el mediano plazo la propia demografía se encargará de disipar los nubarrones sobre el progreso porque los hijos de quienes apoyan los populistas autoritarios se guiarán por valores diferentes a los de sus padres.
El progreso como fin de la historia, uno podría decir de Pinker. Pero en su análisis definitivamente faltan las discontinuidades que hay en el camino del progreso. Aunque la economía fluctúa menos hoy en día que en el pasado y la inflación está bajo control, esos fenómenos económicos siempre estarán presentes. También es necesario tener en cuenta los cambios demográficos, la evolución de los saltos tecnológicos, los índices sanitarios, la evolución de flujos comerciales regionales y locales y, cuando se trata de violencia y agresividad, hay que examinar las cifras comparativas sobre el incremento de funcionarios dedicados al control de la delincuencia, la evolución de las prisiones y la población reclusa, o las tecnologías basadas en la prevención del crimen. Finalmente, Pinker reconoce que el progreso no garantiza la solución al problema del calentamiento global, pero ayuda.