¿Qué es diciembre?
Es martes, después de la cuatro p.m. en una mesa de centro comercial. Alrededor la gente carga regalos y unos niños en vacaciones son perseguidos por la niñera mientras mamá envía besos fríos por Whatsapp. Es el momento previo a un café y unos abuelos conversan detrás, una pareja se mira a los ojos y una mujer en la mesa contigua pide a su amante: “en esta época no me aburras con problemas, para eso está tu mujer”. Mientras el señor de la fila insiste en pagar mi cuenta, aparece un grupo de renos caminantes de peluche. Cerca hay un tapete blanco de felpa que quiere parecerse a la nieve, un árbol navideño monumental y osos polares mecánicos: es diciembre.
Aunque el calor del trópico se apodere de la tarde en cielo azul, la decoración quiere hacernos sentir frío polar, que estamos en la tierra de Santa Claus. Con nostalgia, algunos se toman fotos sobre ese fondo ajeno porque “¿qué otra cosa van a poner?”. Estacionar es competencia, el trayecto de regreso es largo y el locutor radial dice que ya no cabemos en Medellín: es diciembre.
De noche “no se reportan taxis”, uno se alegra al encontrarse con conocidos: “veámonos en enero”. No hay citas disponibles, hay fila en el restaurante, el portero entrega regalos y en el centro uno levita en ríos de gente que arrastran cuerpos y paquetes.
¿Qué es diciembre?: un haz de meses pasados, un suspiro inconcluso, una sarta de propósitos, dar regalos por amor o apariencia, escuchar a Santos negar que prometió congelar los impuestos. Es tiempo de euforia colectiva, de detener media vida hasta enero, hora de comprarlo todo y más.
Qué distinto sería este mes si hubiera más gente preocupada en vivir que en comprar, si la ciudad fuera mucho más que congestión, turistas y luces. Qué distinto sería este mes si uno supiera que la señora del barrio alto ya tiene agua potable en esta, “la ciudad más innovadora”, que es posible ver más a los amigos, comprobar que esto puede hacerse hoy sin tener que esperar, ver que la pólvora no es protagonista en el cielo.
“Por estos días el objeto que más se vende es el espejo retrovisor: cada quien quiere mirar atrás sin convertirse en estatua de sal. Esta es la hora de balances. Alguien que no recordabas quiere saludarte y tienes cara de turista al caminar por las calles de tu ciudad que se ha vestido distinto”, dice el periodista Juan Mosquera.
El fotógrafo y periodista Esteban Duperly opina: “las ciudades se vuelven un caos porque la dinámica del mes impulsa a todo el mundo a la calle y no estaría tan mal si todos fuéramos peatones pero en Medellín el carro reina. En su concepción es lindo: un mes para comprarle cosas a la gente que uno quiere. Pero ahí es donde lo volvemos todo un lío. En el espectro social donde habito, los aguinaldos son un pulso por ver quién tiene la billetera más fuerte. No soy practicante pero creo que la religión católica perdió la batalla de la Navidad. Merry Christmas es un concepto mucho más fuerte que la Natividad de Jesús de Nazareth. Y aunque en nuestra ciudad aún se rece la Novena y se toque pandereta, consumir y comprar es la actitud dominante”.