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Que la política la hagan otros...

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11 de mayo de 2016

Por NORMAN MESA LOPERA
Universidad Católica del Norte
Facultad de Com. Social, 7° semestre
@NormanMesa2

Preservar el principio de imparcialidad, privilegiar el interés general sobre el particular, defender la moralidad pública de la utilización abusiva de recursos públicos, son -entre muchas otras de mayor calado- razones en las que se apoya nuestro ordenamiento jurídico para prohibir a los servidores públicos, combinar su ejercicio con el de hacer proselitismo político a favor de partidos o candidatos de sus preferencias.

Son escasos los servidores estatales que no hacen política, pues el “guiño” siempre aparece en escena mostrando la simpatía por alguna aspiración o grupo político, como diciéndole al elector: ese es el mío... hágale que ahí vamos. Es la evidencia más moderada que hay de esa participación en política, pues hay otras maneras que rayan en el descaro, sobre todo cuando los recursos públicos se ponen en favor de una campaña.

Estar adecuando la normatividad a los gustos de ciudadanos o grupos de ciudadanos que la burlan, es entregar un mensaje claro al ciudadano crítico de que su Estado es ineficaz para controlar.

Es la lectura que se desprende del proyecto de ley aprobado en el primero de cuatro debates en el Senado, y que busca facultar al servidor público para que participe abiertamente en política, eso sí con “reglas claras de juego”.

¿Cómo así que uno de los argumentos del senador Roy Barreras es que las sanciones solo llegan a los “empleados sencillos”? Parte el ponente de la iniciativa de que los organismos de control no están cumpliendo con su tarea de investigar y sancionar a todos los violadores de una norma, y están sí, aplicando todo su poder sancionatorio sobre los actores más débiles.

Son demasiados los privilegios de que goza un empleado público, como para pensar en que hay que darle más, legalizando la violación sistemática de una norma bien sustentada, como la de prohibirle combinar el ejercicio de su cargo con la actividad proselitista.

Pongámonos serios. Que el funcionario se dedique al cumplimiento de su tarea, y que su permanencia en nómina obedezca más a sus méritos personales y profesionales, y no a su denodado esfuerzo por complacer cacicazgos políticos que harto daño le hacen al sector público . n

*Taller de Opinión es un proyecto deEl Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opiniónjoven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidadese instituciones vinculadas con el proyecto.