Que lo colaborativo no le quite lo digno
Ingeniero de Producción de EAFIT y magíster en Administración Pública de Harvard, quien con su liderazgo humanista ha revolucionado la asistencia social en Antioquia. Desde el liderazgo en Comfama impulsa la cultura, el arte y la educación como motores de transformación social. David cree que Medellín puede reinventarse como una zona azul urbana, ejemplo mundial de salud, comunidad y felicidad.
Querido Gabriel,
Esta semana fui al evento de Colaborámerica. Como sabes, el futuro del trabajo colaborativo, asistido por plataformas, ha estado en el centro de la conversación pública últimamente. ¿Qué tal si hablamos sobre esto y tratamos de proponer algo constructivo frente a la discusión laboral que gira alrededor de Uber, Rappi, y otros?
En las plataformas de servicios personales o profesionales confluyen dos grandes tendencias económicas y culturales: los negocios de plataforma y el trabajo independiente. ¿No crees que lo primero que debemos reconocer es que pelear contra estos cambios sociales profundos es tan iluso como hacerle campaña al uso del betamax? ¿Qué tal si hacemos un esfuerzo por comprender, adaptarnos y, por supuesto, tratar de que lo que se haga en este nuevo mundo se enmarque en principios de humanidad y de capitalismo consciente?
Hasta ahora, la discusión es sobre si los rappitenderos, los socios conductores de Uber y otros con roles similares, son o no empleados dependientes y quién debe pagar su seguridad social. ¿Será que la pregunta es otra, más importante desde lo humano, lo político y lo económico? ¿Cómo dignificamos y formalizamos este tipo de trabajo? ¿Será que podemos trabajar juntos, Estado, empresas y actores de la seguridad social, para lograrlo? ¿Será que la pregunta no es quién hace los aportes, sino cómo se deben hacer?
¿No te parece abusivo que conductores con ingresos de uno a dos millones de pesos estén en el régimen subsidiado, con nuestros impuestos? Es como Robin Hood al revés. ¿No te preocupa, además, que estén por fuera del sistema pensional? ¿No te entristece que no estén usando los servicios de las Cajas? Algunos dicen que deben ser empleados formales, al estilo tradicional, con horario y demás condiciones, y otros piensan que cada uno es independiente y que como tal, es su problema afiliarse o no a la seguridad social.
¿Qué tal si son ambas cosas? ¿Qué tal si decimos que son trabajadores, con algo de independientes y algo de dependientes? ¿Nos preguntamos de dónde debe salir el dinero para los aportes a la seguridad social? Si estas plataformas son tan innovadoras, modernas y disruptivas, deben generar valor para todos: los socios, quienes trabajan con ellos y la comunidad en general. Si no alcanza para todo esto, tal vez solo estén desplazando valor de un lado a otro, capturando subsidios del Estado y empobreciendo a los trabajadores. Si hay valor real, nos podemos inventar el nuevo modelo.
Hace poco, por ejemplo, conocí a los emprendedores de Hogaru, una plataforma de trabajo doméstico. Su posición es que, si hay valor, habrá clientes y debe haber buenas condiciones laborales. Ellos decidieron contratar a sus trabajadoras, casi todas mujeres, con un contrato laboral tradicional. No es el único camino, pero es responsable y audaz: ¡espero que tengan cada día más éxito!
En algunos países están pensando crear una nueva categoría, en la que las plataformas retienen para los aportes, el Estado complementa lo que falta y la persona termina formalizada, con unas condiciones mínimas. ¿Será que estudiamos eso y nos soñamos algo aún más ambicioso? ¿Mecanismos de ahorro, bienestar, seguros complementarios, estudio? Las plataformas de trabajo colaborativo llegaron para quedarse, pero lo nuevo, si nos degrada como personas, debe ser reformado y adecuado hasta llegar a punto. ¡La dignidad del trabajo es innegociable!.
*Director Comfama