¿QUÉ SIGNIFICA CREER EN LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO?
Los primeros relatos evangélicos de la resurrección de Jesús corresponden a la experiencia del sepulcro vacío (Marcos 16, 16; Mateo 28 1-6; Lucas 24, 1-6; Juan 20,1-9) e invitan a no buscarlo en el lugar de los muertos, pues no está allí. Luego los relatos posteriores describen la vivencia que tuvieron los primeros discípulos de su presencia resucitada. El libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por el evangelista Lucas que en su Evangelio menciona la pregunta “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”, nos presenta en este sentido el discurso de Pedro: “Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se nos apareciera a nosotros” (Hechos 10, 34-43).
Esta experiencia del misterio pascual se da especialmente en la Eucaristía: “Nosotros comimos y bebimos con Él después de su resurrección”, dice Pedro en el mismo discurso. Al reunirse para compartir el pan y el vino en memoria de Jesús, los creyentes en Él experimentan su presencia, distinta de la física anterior a su muerte, en el sacramento de su cuerpo y sangre gloriosos que los alimenta y los renueva.
Este es el contenido del anuncio pascual: Jesús ha resucitado y está vivo con una vida nueva que pertenece al orden espiritual, y quiere hacernos partícipes de su resurrección. En el lenguaje bíblico la oposición arriba/abajo simboliza la superioridad de lo espiritual sobre lo material. Así el mensaje pascual constituye una invitación a “poner la mirada en las realidades de arriba” (Colosenses 3, 1-4), para renacer a una vida nueva.
Vivamos alegres la celebración de Jesucristo resucitado, prenda de nuestra resurrección futura, con la esperanza en que, a pesar de todo, la vida triunfará sobre la muerte, la luz sobre la oscuridad, porque creemos en un Dios que se hizo humano, padeció y murió para resucitar y hacernos partícipes de su felicidad eterna, una felicidad que puede empezar desde ahora si nos abrimos a la acción renovadora de su Espíritu. Y en este Año Santo de la Misericordia renovemos nuestra fe en Jesucristo que está vivo, presente y activo en su Iglesia, manifestándonos e invitándonos a reproducir el amor compasivo de Dios Padre.