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¿Quién es Francisco?

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15 de septiembre de 2017

Todo existe en relación. La relación garantiza que todo está en sintonía, buena o mala, y que todo influye, bien o mal, en todo. El influjo es el distintivo de todo.

Influir es producir determinados efectos sobre personas y cosas. Ver, oír, oler, gustar, tocar son modos de influir. Viendo, oyendo, oliendo, gustando y tocando influyo en todo lo que me rodea, y todo lo que me rodea influye en mí.

Amar y pensar son influjos aun más poderosos. La realidad tiene para quien ama secretos portentosos, y también para quien piensa. Me transfiguro en lo que amo y pienso durante todo el día, a la vez que influyo con mi amor y mi pensamiento en las personas y las cosas.

El Papa Francisco tiene una poderosa amiga, Teresita del Niño Jesús. La lleva consigo adondequiera que va. El influjo de ella en él es sorprendente, como lo sospechamos por el influjo que él ejerce en nosotros cuando lo vemos, escuchamos y tocamos.

Teresita, singularísimo ser humano, escribió: “Si los sabios que se pasan la vida estudiando hubiesen venido a preguntarme, se hubieran quedado asombrados al ver a una niña de catorce años comprender los secretos de la perfección, unos secretos que toda su ciencia no puede descubrirles porque para poseerlos es necesario ser pobres de espíritu”.

La amiga que acompaña a Francisco es muy atrevida hablando de sí misma, como cuando hizo la primera comunión, a los once años. “Aquel día no fue ya una mirada sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en el seno del océano. Sólo quedaba Jesús, él era el dueño, el rey”.

A Francisco lo mantiene seducido esta compañía. Seducción que envidio locamente, pues siento que la vida no tiene otro derrotero que el de la seducción, en que cuerpo y alma se encuentran cautivados por el Creador.

Bergoglio hace esta confidencia: “Cuando tengo un problema, le pido a la santa, no que lo resuelva, sino que lo tome en sus manos y me ayude a asumirlo y, como señal, recibo casi siempre una rosa blanca”.

En cada viaje, el Papa ora así: “Florecita de Jesús, pídele hoy a Dios que me alcance la gracia que yo ahora pongo con confianza en tus manos”.

Bergoglio es feliz con la “lluvia de rosas” de Teresita, que se mantiene enviándosela. Juan Ramón Jiménez coincide con los dos. “Todas las rosas son la misma rosa. Amor la única rosa”. Dime con quién andas y te diré quién eres.