Columnistas

Reformas necesarias

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19 de octubre de 2017

Estamos, sin ninguna duda, en una situación caótica, sin un gobierno coherente, sin justicia con credibilidad, sin legislativo que merezca respeto alguno y, lo peor para una democracia, esos tres poderes apostando a cuál de ellos es más corrupto. Hay que buscar soluciones para salir del abismo a donde nos han empujado.

La Constitución de 1991 en el capítulo 23, de la reforma de la Constitución, artículo 374 dice con toda claridad: “Artículo 374. La Constitución Política podrá ser reformada por el Congreso, por una Asamblea Constituyente o por el pueblo mediante referendo”.

Se reúne un grupo guerrillero con representantes del Gobierno nacional. Un grupo por fuera de la Constitución y de las leyes colombianas, con un gobierno que ha dejado todas las dudas por la forma como alcanzó su segundo período. Ese gobierno, que no puede, firma con el grupo subversivo, que no puede, un acuerdo en el que se cambia parte de la Constitución que nos rige.

Se somete ese acuerdo reformatorio de la Constitución a la refrendación de un pueblo, que sí puede, y ese pueblo lo niega. A pesar de esa negativa, el gobierno, que no puede, desconoce lo resuelto por el pueblo, constituyente primario, lo lleva a la aprobación del Congreso, que sí puede hacerlo en dos legislaturas continuas, ocho debates, y ese Congreso lo aprueba en una legislatura, solo en cuatro debates, cosa que viola la Constitución.

Todo ese caos se puede superar con el cumplimiento del mencionado artículo 374 de nuestra Constitución, apelando a una Constituyente o a un referendo para corregir todo lo que estamos viviendo. La Constituyente sería abrir la caja de pandora, pero habrá que correr con ese riesgo o el referendo que ahora se propone. O, lo otro, sería esperar a elegir un congreso mayoritariamente decente en 2018 para que haga los cambios necesarios en los dos períodos continuos y en ocho debates como es el mandato constitucional.

Hay que recuperar la justicia. Tal vez volver al sistema anterior de cooptación, para su nombramiento, pero antes nombrar unos magistrados que cumplan con unas máximas exigencias y condiciones.

Hay que volver a imponer altas calidades para los aspirantes al Senado de la República. Aquellas que la Constituyente de 1991 suprimió, me siento responsable en parte, y que nos ha llevado un Congreso arrodillado al Ejecutivo y a la corrupción de algunos de sus miembros.

Imponer sanciones más severas para los funcionarios que caigan en la corrupción que hoy vivimos. Recuperar la tantas veces violada Ley 29 de 1944 que prohíbe la propaganda oficial y así evitar el escandaloso aprovechamiento de un gobierno corrupto que compra los medios de comunicación con la propaganda oficial para desorientar a la opinión sin capacidad de análisis.

Hay que modificar la composición del Consejo Nacional Electoral para que no esté comprometido con los partidos políticos y menos con el gobierno de turno, para evitar lo que le pasó a Colombia en el 2014 y lo que pasa ahora con las investigaciones, caso Odebrecht.