REPARTIENDO EL PODER
Esta semana se vieron luchas intestinas en la llamada Unidad Nacional por cuenta del enojo que manifestaron algunos de sus miembros que no se sintieron bien tratados o favorecidos en el nuevo reparto de poder y presupuesto nacional a raíz de los cambios ministeriales. Porque eso es lo que pasa en Colombia cada vez que se entrega un ministerio o una entidad a un determinado partido político. Este se convierte en el dueño de sus recursos y sus puestos, utilizados seguidamente para auxiliar a su clientela, beneficiar a sus amigos, influir en favor de los suyos y apretar a los enemigos. Acá se parcela el poder y el presupuesto, entregándosele a un determinado grupo para que se aproveche del mismo en la acción más politiquera y descarada. Acá no se pregunta por las propuestas, visión o capacidad de gestión que pueda tener el posible candidato al cargo y el grupo que representa para beneficio del país, no señor, eso es lo de menos. Lo importante es la plata y los puestos que se reparten y a quién se les da.
Y así ha pasado siempre, por lo menos desde que tengo memoria. Esto es parcelando a destajo, transando por apoyos electorales y políticos, estos últimos fundamentalmente desde las instancias legislativas. Acá es cómo me apoyás y yo te doy tripa. Por eso participan los partidos en la llamada Unidad Nacional de este gobierno, para llevarse su pedazo de torta y cuando en el reparto no se sienten bien tratados, pues arman un escándalo. Porque ese fue el negocio, socio y estás incumpliendo.
Los de la Unidad Nacional dicen que son los que apoyan en temas trascendentales como el proceso de paz. Pues hay congresistas y algunos partidos que no entran en la repartición y que sin embargo apoyan decididamente los diálogos de La Habana porque creen que es el camino, teniendo una idea clara y una propuesta precisa frente a lo que piensan requiere el país sin necesidad de puestos ni contratos. Aunque a decir verdad, varios de ellos quedaron muy mal parados ahora que ciertos miembros de sus colectividades decidieron entrar en el presupuesto aceptando cargos.
Gobernabilidad llaman esta forma de actuar. Tamaño eufemismo. Y es plaga nacional porque lo mismo sucede también en los gobiernos regionales y locales. Solo mirar en detalle lo que pasa y ahí está.
En un país con política decente supondría uno que se buscaría a las mejores personas posibles que quieran participar y dominen los temas y los asuntos públicos, con una visión clara, para que estuvieran al frente de las carteras.
Me llama la atención que entre las únicas dos ministras que han estado desde el 7 de agosto del 2010 está la de Cultura. Pareciera que nadie se pelea ese cargo. Pocos puestos, poco presupuesto y poco poder maneja. No vale la pena desgastarse en eso. Hay otras entidades y ministerios más apetecibles, creería que es el análisis. Y contradictoriamente, en mi opinión, creo que Cultura es precisamente una de las carteras más importantes para construir un país diferente, que debería ser el anhelo de todos .