Reto agrícola del momento
En la medida en que El Niño se debilita y comienzan las lluvias en el país, el gran reto de la política agrícola es garantizar la adecuada recuperación de la oferta y asegurar el abastecimiento nacional, de tal forma que el sector agropecuario retome la dinámica de crecimiento y facilite que la inflación total ceda.
Los altos precios derivados de la contracción de la producción alimentaria son, en principio, un estímulo para que los agricultores incrementen las siembras. Adicionalmente, la mayor tasa de cambio favorece la producción de bienes importables y estimula las exportaciones agrícolas.
Como se ha señalado en esta columna, el Programa “Colombia Siembra” constituye la principal oferta institucional para impulsar la producción agrícola nacional.
Aunque poco se conoce sobre las características del Programa, en días pasados, en su columna de opinión en el diario El Espectador, Indalecio Dangond dio una explicación más detallada del mismo.
Según Dangond, el Programa responde a una política de ordenamiento del sector productivo a mediano plazo y de orientación eficiente de la ejecución de los recursos públicos.
Para tal efecto se consideran cuatro pilares. El primero es la creación de “mapas de zonificación agrícola por municipio” que deben ayudar a orientar el uso más adecuado del suelo.
El segundo pilar tiene que ver con la asistencia técnica y la formación. Para tal efecto, se fortalecerán las Umata, las agremiaciones del sector prestarán el servicio de asistencia técnica en buenas prácticas agrícola y ganadera y se impulsarán las escuelas de emprendimiento rural.
El tercer pilar lo constituyen los subsidios dirigidos a cubrir parte del costo del seguro agrícola y el de las coberturas de precio y cambiaria.
El último pilar son, nuevamente, subsidios, pero en este caso están dirigidos a la tasa de interés de los créditos y al otorgamiento del incentivo ICR al riego, la mecanización y la infraestructura de almacenamiento.
Así las cosas, el Programa bandera del Gobierno tiene poco de innovador (tal vez lo más novedoso son los mapas municipales de zonificación agrícola) pues se utilizan muchos de los componentes que programas anteriores han aplicado y que poca efectividad e impacto demostraron, como fue el caso del AIS con las líneas de asistencia técnica y subsidio al crédito.
Infortunadamente, no obstante las recomendaciones de la Ocde y de la Misión Rural de privilegiar los bienes públicos, “Colombia Siembra” se fundamenta, en buena parte, en el otorgamiento de subsidios y apoyos.
Sin embargo, resultan interesantes las propuestas de fortalecer las Umata, de promover la utilización de buenas prácticas y de impulsar la formación en emprendimiento. Estos tres elementos son la cuota de bienes públicos del Programa.
Dados los estímulos que actualmente ofrece el propio mercado, como son precios altos y una tasa de cambio favorable, cabe preguntarse si el otorgamiento de subsidios del Programa “Colombia Siembra” no va a resultar redundante e innecesario.
En lugar de promover subsidios, sería más beneficioso para el sector que el Gobierno proveyera más bienes públicos que faciliten el desarrollo y la comercialización de las cosechas y que mejoren la operación de los mercados agrícolas.