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robos en motos siguen disparados

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14 de diciembre de 2014

A ratos, soy motociclista. Así que no tengo ninguna molestia con ese tipo de vehículo. Y sé que es el medio de transporte de miles de trabajadores y sus familias. Pero debo denunciar que los robos ejecutados desde motocicletas continúan disparados en el Valle de Aburrá, y en especial en el occidente de Medellín y también en Laureles y El Poblado.

La situación, además, pone en duda el rigor con que la Policía está haciendo cumplir la medida de prohibición del parrillero hombre. Pareciera que finalmente solo termina afectando a los motociclistas honestos, pero que los pillos que usan este vehículo, que les permite mayor agilidad, se pasean en los bigotes de las autoridades y de los mismos ciudadanos indefensos.

Hace unos cinco meses fui testigo de cómo en pleno Parque Lleras, a las nueve de la noche, llegaron dos tipos en una moto de alta cilindrada, se bajó el parrillero sin casco y con un arma, abordó a un extranjero en un negocio y ante la resistencia de la víctima le disparó en un pie. Saltó de nuevo a la calle y emprendió la fuga con su compinche.

Este fin de semana tuve un caso cercano: en La Iguaná, otros ladrones en moto abordaron a una pareja de jóvenes, los despojaron de su moto tipo scooter y en la huida otro ciudadano valiente que veía el atraco reaccionó y les lanzó el vehículo a los bandidos. En su retirada uno de los ladrones disparó varias veces.

Pero no es solo en parejas que se movilizan los pillos. Ahora se mueven en grupos de dos, tres y hasta cuatro. Cada uno en su moto, y con un morral colgado sobre el pecho del que sacan el arma, intimidan a la(s) víctima(s) y en el que luego echan el producto del atraco: celulares, billeteras, cadenas de oro y relojes.

Hay más: las placas de las motos son retocadas. Les quitan parte de la pintura a los números y las letras. Por ejemplo: una O despintada a la mitad se convierte en una C. Una F con los palitos horizontales borrados se transforma en una I. Un 8 se asemeja a un 6. Entonces, la víctima, en medio del susto y en los segundos del atraco, ve una placa que no existe, una placa falseada. Eso lo notamos los ciudadanos, pero inquieta que no lo adviertan con la misma malicia algunos patrulleros.

Como el remedio a las cosas no es prohibirlas. Como sé que la gran mayoría de los motociclistas somos decentes y nos mueven el gusto o la necesidad de andar en moto, ES URGENTE que se extremen los controles, en especial en época navideña, cuando los ladrones van por la plata de las primas, las natilleras y por las compras de la gente.

De la Policía Metropolitana esperamos toda la operatividad y resultados posibles.