Saber convertido en arrogancia
Por Juan José Villegas Arias
Universidad Pontificia Bolivariana
Facultad de Com. Social, 3° semestre
juan.villegasa@upb.edu.co
En la vida académica es usual encontrarse con personas que tienen un desempeño envidiable; compañeros de clase con excelentes calificaciones, gran dominio de todos los temas tratados, etc., y docentes que deslumbran con sus títulos, estudios realizados y con la manera en que dictan una clase magistral.
¿Qué mejor que encontrarse con esta clase de personas en la vida?, quienes hacen del saber un placer.
Sin embargo, cuando sus conocimientos se convierten en una herramienta para creerse superiores y hacer sentir a los demás como subordinados, el sentimiento de admiración se va perdiendo poco a poco.
El conocimiento debe ser utilizado como una herramienta para ayudar a los demás; motivar, aportar, ser constructor de saberes colectivos, no para “atropellar” con este, pretendiendo que lo único válido sea aquello pronunciado por aquellos docentes o compañeros que parecen creerse dueños de una única verdad, un único saber válido; el que es pronunciado por ellos.
Partiendo de la experiencia propia, me ha tocado encontrarme con varias “joyitas” de estas. Lastimosamente, profesores, que se creen dueños de todo aquel conocimiento difundido por sus bocas, que no escuchan más que el propio eco de sus palabras y adoptan una actitud pedante que lo único que logra es fastidiar y estragar a los estudiantes.
No se trata de sobreponerse sobre los demás, no se trata de dejar a un lado los saberes adquiridos, no se trata de agachar en todo momento la cabeza ante los estudiantes, ni nada de eso. Se trata de permitir y promover el debate en clase, aceptar que no se es perfecto, permitir las dudas y las equivocaciones, no satanizarlas, se trata de no convertir el saber en arrogancia.
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