SABER ESPERAR CON PACIENCIA
El Evangelio de hoy (Mateo 13, 24-43) contiene tres parábolas tomadas de la experiencia campesina, con las cuales nos ofrece una enseñanza significativa.
La primera es la de la cizaña. ¿Por qué Dios permite el mal? ¿Por qué la corrupción prevalece sobre la honestidad? Una reacción frecuente ante estas preguntas suele ser el deseo de acabar con toda esa mala hierba que no deja crecer las semillas del bien.
Pero, contraria a nuestra impaciencia, se nos presenta la actitud de Dios que “da lugar al arrepentimiento” (Sabiduría 12, 13-19, y es “clemente y misericordioso, lento a cólera, rico en piedad” (Salmo 86). Jesús, en lugar de aniquilar a quienes obran el mal, les ofrece la oportunidad de cambiar, encarnando al mismo Dios de quien los profetas habían dicho que “no quiere la muerte del pecador, s
Esa misma actitud misericordiosa es la que espera de sus discípulos, en contra de la llamada “limpieza social”, aunque también anuncia que al final cada cual recibirá el pago merecido y el bien triunfará sobre el mal.
Las otras dos parábolas -la del grano de mostaza y la de la levadura- tienen en común con la anterior una invitación a la confianza paciente en Dios, que espera a que lo comenzado en una semillita o con un poco de levadura termine respectivamente en el árbol frondoso o en el pan compartido por muchos.
El Reino de Dios comienza por lo pequeño, que va creciendo gracias a su acción pacientemente transformadora. En este sentido, las tres parábolas consisten en una invitación a no desanimarnos a pesar de la lentitud con que parece obrar Dios en medio de un mundo que le rinde culto a la eficiencia del éxito fácil, inmediato y sin esfuerzo.
San Pablo escribió que “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu” (Romanos 8, 26-27).
Se trata de una invitación a confiar en Dios sin desanimarnos, aun en medio de las dificultades y de las fuerzas negativas del mal que nos rodean. Este es el sentido auténtico de la petición “venga a nosotros tu Reino” .