SALVAR VIDAS, SEÑOR ALCALDE
Me resisto a creer que en Medellín, la ciudad que acaba de ser distinguida como la más transformadora de las Américas y que ya fue exaltada como la más innovadora del mundo, la anarquía por la circulación de motocicletas en definitiva escape al control del Alcalde y los demás funcionarios municipales. Las escenas que se observan día y noche en las salas de urgencias de clínicas y hospitales son espeluznantes. Muchísimas personas, sobre todo jóvenes, mueren o quedan heridas o discapacitadas como consecuencia de los accidentes que ocurren con frecuencia pavorosa.
Prevenir y educar para salvar vidas es responsabilidad ineludible y urgente. Pero hay que decir que faltan campañas por Telemedellín concertadas con los líderes de los motociclistas y disposiciones coercitivas muy severas, proporcionadas a la magnitud desbordada y escandalosa de semejante calamidad pública. En cada salida rutinaria al estudio o al trabajo, el transeúnte se encuentra con un motociclista o un parrillero que yacen o se retuercen de dolor sobre el pavimento, mientras llegan la ambulancia de socorro y los guardas competentes para el procedimiento y se bloquea la circulación.
Muchos pilotos ignoran elementales normas de tránsito. Se insiste en que la licencia de conducción de moto se expide sin que se reúnan condiciones básicas. Debería ordenarse, sin excepción alguna, que siempre el aspirante apruebe un curso intensivo convalidado por la Secretaría de Movilidad.
Esa evaluación de capacidades y competencias debería incluir conocimiento de reglas legales y de contravenciones comparadas con las de otras ciudades globales, límites de velocidad hasta 50 kilómetros por hora, signos y señales, alcances y prohibiciones y, en fin, todo el espectro de los deberes y derechos inherentes al uso de las vías públicas y, por supuesto, principios, conceptos y prácticas de ética ciudadana, de respeto a los demás y protección de la integridad y la vida propias y ajenas.
Este asunto requiere un tratamiento de emergencia. A nadie que repruebe ese curso debería dársele licencia. Mientras tanto, si hay un sistema de cámaras tan eficiente como dicen, si hay guardas en alerta por todas partes, no tienen por qué aumentar y extenderse las infracciones. Y para la circulación de motos debería haber un solo carril, fuera del cual nadie pueda transitar sin ser sancionado.
El buen gobierno de la ciudad impone prioridades: Mil veces más necesario que fomentar el uso de la bicicleta es ponerle freno al caos del motociclismo. Cómo hacer eficiente el control deben ingeniarlo los administradores de la ciudad campeona en innovación y transformación. Si no aciertan en esta materia esencial ni asumen con excelentes resultados esa misión de salvar vidas, los premios y distinciones internacionales son inmerecidos por contraevidentes y tan disparatados como el Nobel de Literatura para Bob Dylan.