San Juan de la Cruz
El 14 de diciembre celebramos la fiesta de San Juan de la Cruz (1542-1591), el poeta más grande de la lengua española y uno de los más insignes místicos del mundo. Tiene para el lector del siglo XXI la propuesta asombrosa de descubrir su propia intimidad, el Amado llenándolo de su amor divino. Y con la suya, la intimidad del lector.
La comunicación con su Amado tenía la naturalidad de la vida cotidiana, lo mismo que su capacidad de hacer versos de inspiración inefable que fascinaban al poeta mismo, de pasmosa habilidad para juntar palabras poniendo en ellas cadencia musical, ritmo y rima asustadores. Contaba además con una memoria prodigiosa para guardar lo que la realidad ponía en manos de su fantasía.
Para Juan Ramón Jiménez, S. Juan de la Cruz es un romántico absoluto. El místico es un hombre delicado, exquisito, con un sentido profundo del amor, “que hace del amor humano poesía humana y divina a un tiempo”. Jiménez, por propia confesión, leyó durante años al poeta místico, y uno de sus libros tiene como título un verso sanjuanista: “La soledad sonora”.
En San Juan de la Cruz ocurre lo opuesto al realismo mágico, en que la realidad está al servicio de la fantasía, el distintivo de la novelística latinoamericana del siglo XX. En el poeta místico, la fantasía está al servicio de la realidad. Sus poemas son fruto de su experiencia del Amado divino, como aparece ya al comienzo del poema: “¿Adónde te escondiste, / Amado?”
Verso que el mismo poeta comenta así: “¡Ea, pues, alma hermosa!, pues ya sabes que en tu seno tu deseado Amado mora escondido, procura estar con él bien escondida, y en tu seno le abrazarás y sentirás con afección de Amor”. El poeta místico aprisiona en la palabra lo vivido. El secreto embriagador de sus poemas.
Para Octavio Paz el poeta es un traductor, un descifrador. “Escribir un poema es descifrar el universo sólo para cifrarlo de nuevo [...] El lector repite el gesto del poeta: la lectura es una traducción que convierte el poema del poeta en el poema del lector”. El lector está llamado a ponerle su propio contenido al poema que lee. En él confluyen la inspiración y la razón, el amor y la moral, el individuo y la comunidad.
Poeta de poetas y místico de místicos, cuanto más atrevimiento del lector en familiarizarse con él, mayor la fascinación. El poeta místico tiene para el hombre del siglo XXI la propuesta más seductora y atrevida en satisfacer su anhelo de infinito.