Columnistas

Santos y El Quimbo

08 de enero de 2016

Entre la espada y la pared puso el presidente Juan Manuel Santos a la justicia al acusarla de estar perjudicando a todos los colombianos por suspender las operaciones de la central hidroeléctrica de El Quimbo.

Dice, y lo respaldan entes y ministerios, que está en riesgo una inversión de US $40 millones y miles de toneladas de peces.

No le interesaba la pesca cuando entregó El Quimbo a una empresa foránea casi que con patente de corso para ejecutar el proyecto, pese a que miles de campesinos y organizaciones del Huila le pedían replantear el proyecto por los perjuicios ambientales y socioeconómicos.

Por eso están suspendidas las operaciones: la empresa, con la complacencia gubernamental, incumplió compromisos ambientales.

Más claras no puede ser las palabras de monseñor Libardo Ramírez, quien dijo que las 8.500 mejores hectáreas de la zona quedaron sumergidas y que al gobierno no le interesa la suerte de los campesinos de la región.

Si se miran los argumentos del gobierno Santos para exigir la reapertura casi todos son de índole económico (los servicios ecosistémicos también tienen un valor no contabilizados) y no dice una palabra pidiéndole a la empresa honrar sus compromisos para reducir un daño que de todas maneras está hecho. Santos estuvo en la Cumbre de París en diciembre prometiendo mejores prácticas ambientales.

Expone argumentos falaces como que los 300 metros por segundo que entregaría al río permitirían la navegabilidad del seco Magdalena. Es una cantidad irrisoria. Y tira al país contra los huilenses al afirmar que permitiría reducir el alza en las tarifas, demostrado está que se usó mal el fondo de previsión para evitar alzas en las épocas de crisis.

Más allá de la discusión técnica y la urgencia o no de la reapertura, El Quimbo enseña que el ciudadano y sus organizaciones no tragan cuento en lo ambiental y acuden hasta las máximas instancias para proteger sus derechos, como gozar de un ambiente sano para desarrollar sus actividades. Varios académicos han dicho que El Quimbo sí dejará secuelas serias.

Si Colombia depende de El Quimbo, que con sus 400 MW aporta el 5 % de la energía que demanda el país, este siglo se ha perdido para la generación eléctrica y la protección del país frente a eventos como El Niño, que es un fenómeno frecuente que siempre debe estar presente en la planificación del sistema energético, de modo que no es viable argumentar que es el más fuerte desde 1997.