¿Serán ellas las que lo atajen?
La llegada de Trump al escenario político estadounidense ha sido un fenómeno “curioso”. En campaña fue evidente la impotencia de los otros aspirantes republicanos a la nominación para sacarlo de la contienda. Luego resultó imposible, incluso para sectores de su propio partido, evitar que fuese finalmente su representante. Pero más incapaz fue el partido demócrata de impedir que llegara a la Casa Blanca alguien que no venía del “establecimiento” político, y tal vez por eso resultó inmune a las fórmulas tradicionales para neutralizarlo. Ni siquiera la poderosa prensa estadounidense, que tanto lo odia pero que tantos suscriptores le ha significado, ha podido vencerlo.
Entonces la pregunta es ¿quién podría atajar a Trump? La respuesta no es fácil, pero planteo una hipótesis, y repito que es solo una hipótesis, que se comprobaría en las próximas elecciones de noviembre.
George Bernard Shaw dijo alguna vez que: “las mujeres inteligentes y atractivas no quieren votar; están dispuestas a dejar que los hombres gobiernen mientras gobiernan a los hombres”. Creo que el irlandés tenía razón, pero tal vez ahora no sea así pues la sociedad estadounidense está emitiendo señales, relativamente débiles pero muy numerosas, de que “las estadounidenses” estarían considerando que ese “poder indirecto” ya no es suficiente y deben tomarlo ellas mismas, o al menos evitar que los “machos remachos” sigan haciendo de las suyas sin consecuencias.
Dicen que nadie logra ser presidente de EE.UU. sin más de la mitad de los votos femeninos, y contra todo pronóstico, Trump logró que ellas no atajaran su nombramiento. Pero en noviembre hay elecciones y existe la posibilidad que Trump no conserve el control absoluto del Congreso, tal vez perdiendo al menos la Cámara de Representantes. Dicha pérdida no sería el resultado de un gran desempeño del partido demócrata, que ha sido bastante inepto ni tampoco por los descontentos del partido republicano. La hipótesis es que podrían ser “las estadounidenses” quienes pongan en dificultades a Trump para el resto de su primer período.
Las señales, unas notorias como el movimiento “Me too” o el proceso de confirmación del juez Kavanaugh, y otras menos visibles pero cada vez más frecuentes, provenientes de muchas organizaciones de mujeres demócratas y hasta republicanas, hastiadas de los abusos y acosos sexuales masculinos, hacen pensar que, si manifiestan esa rabia en votos, podrían definir las elecciones de noviembre.
Este año hay registradas más mujeres que hombres para votar, pero especialmente en el partido demócrata el porcentaje de aspirantes mujeres al congreso y gobernaciones es casi un 60 % mayor que hace cuatro años. En el partido republicano votan más los hombres que las mujeres en las elecciones de mitad de período, pero esta epidemia de rabia femenina podría estar incubándose también en dicho partido, y tal vez haga que sean las mujeres quienes impidan que los machos alfa de melena abundante sigan sin control. En noviembre sabremos si la furia femenina fue algo temporal o se volvió poder político.