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Servir es... ¡amar!

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24 de julio de 2017

La capacidad de servir a los demás no es algo que surge en forma espontánea en los niños. Sin embargo, es una virtud que es fundamental que les inculquemos con nuestro ejemplo. En efecto, cuando nosotros tratamos a los demás con amabilidad, los niños aprenden a ser gentiles con el prójimo; cuando los acogemos afectuosamente, ellos aprenden a amarnos y a amar al prójimo; y cuando los atendemos con verdadero interés, ellos se sienten importantes y valiosos.

Lo cierto del caso es que ser padres no es solo una misión interminable sino también una experiencia muy enriquecedora. Nosotros somos las que cuidamos, guiamos, protegemos y disciplinamos a los hijos, a la vez que los que estamos al frente del hogar y alimentamos la colaboración, la solidaridad y la unión en la familia.

Como padres, la crianza de los hijos es la responsabilidad más exigente que tenemos en la vida y a la vez la función más enriquecedora y grandiosa con que hemos sido bendecidos.

Desde el momento en que tenemos hijos, es nuestro deber consagrarnos a ofrecerles un hogar estable y amable, en el que se respire armonía y se cultive abundantemente el amor.

No hay duda que, la crianza es una tarea muy exigente y que pone a prueba nuestra paciencia. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que nos demanda, ser padres es la función más demandante, pero a la vez la experiencia más enriquecedora y grandiosa de nuestra vida.

Las responsabilidades que tenemos como cabezas de la familia nos obligan a darle prioridad a satisfacer las necesidades fundamentales del hogar y de los hijos. Es por eso que debemos darle absoluta prioridad a lograr que ellos tengan la formación y el buen corazón que precisan para servir al prójimo y, por lo tanto, a llevar una vida profundamente satisfactoria y provechosa.