Columnistas

Sin límites

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01 de noviembre de 2016

Me he acostumbrado a cosas como la eterna pregunta que me han hecho los conductores de transporte público en varios idiomas y en diferentes lugares, de “si ¿la silla de ruedas también va?”, o de “si me dieron de alta”, cuando salgo de visitar a alguien en el hospital. Estas situaciones que son solo las cómicas, y otras dolorosas que prefiero olvidar, me han permitido renunciar a “ser monedita de oro y caerle en gracia a todo el mundo”.

Mi condición de discapacidad me ha enseñado a entender que es discreción de los demás aceptarme y quererme, pero es mi derecho y mi deber hacerme respetar.

Hace 16 años, tengo 30 por si alguien quiere saber, me diagnosticaron una enfermedad neuromuscular que me ha llevado a usar silla de ruedas durante los últimos 12 años. Así que mi reto personal es vivir con la cabeza y de la cabeza, por eso trabajo en innovación, pues innovar es transformar positivamente a partir del conocimiento.

Como mi cabeza es muy importante para mí, valoro mucho la capacidad de pensamiento que nos asiste como seres humanos. En comparación con la capacidad de almacenamiento de una computadora, el cerebro humano tiene 2,5 petabytes, que es como si se dejara un video en el televisor funcionando durante más de 300 años. Eso dijo un profesor de sicología de la Universidad Northwestern.

Pero como yo hay millones de personas en el mundo. Se estima que el 15 % de la población mundial tiene algún tipo de discapacidad. Por esos millones y por mí misma me apasionan las soluciones que, a través de la tecnología, actúan como borradores que desdibujan los límites presentes en el espacio y en el tiempo, para dejarle el camino libre al cerebro y evitar autoinfligirse limitaciones y llenarse de “yo no puedos”.

En esta línea de borradores de límites, hay dos emprendedores sociales que están concursando en el programa Titanes de Caracol, y para quienes les pido sus votos. Se trata de Freddy Luna, el creador de Exoesqueleto, un aparato capaz de poner a caminar de pie a quienes como yo, tenemos movilidad reducida. Este ingeniero mecánico ha hecho su proyecto piloto, con un vendedor ambulante que usa silla de ruedas.

También paisa, el otro emprendedor social es Jorge Robledo, un ingeniero mecánico quien trabaja en una prótesis robótica de mano para que quienes han sido amputados puedan agarrar objetos hasta escribir y teclear textos en el computador.

Creo firmemente en el potencial de la innovación para la inclusión, por eso espero a personal de bibliotecas, colegios, fundaciones o cuidadores de personas en condición de discapacidad, a participar de los talleres que organiza Ruta N, para crear herramientas tecnológicas de bajo costo que permitan borrar los límites a través de la tecnología.