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SOBRA LA IRRESPONSABILIDAD

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30 de abril de 2016

Estación Mala Fe o Ignorancia, no se han puesto de acuerdo, en la que abundan los que hablan sin saber de qué se trata o toman decisiones siguiendo órdenes ajenas, los que asumen posiciones para demostrar que saben sin saber y así retardan lo necesario y ponen a funcionar lo que no se necesita, los que le dan vueltas a algo para salirse por otro lado y al final alegan que estaban en otra parte y así optan por lo que no es, dejando lo imprescindible en veremos; los que hablan dormidos porque así se inspiran mejor, flotando y nunca tocando tierra, los que miran primero lo que les toca y después que hagan cualquier cosa con lo que sobra, en fin, gentes que ocupan cargos que los desbordan y quieren manejar con cursos de crecimiento personal, que son serviles a otros y dictadores con los suyos, a la par que cambian los tiempos y, como un motor al que le afectan el árbol de levas, terminan parando todo, empujando en dirección contraria y soltando el embrague para que la cosa ruede por donde sea y se choque.

La responsabilidad, en derecho, tiene que ver con obligaciones que nos hacen sociales y una de estas obligaciones es el debido contrato (una muestra de inteligencia entre dos o más), que obliga a dar, hacer o no hacer, y una vez firmado lleva a asumir la acción pactada, que si ha pasado por la razón, crea un valor común que tiene como objetivo no producir dolor. En caso contrario, el contrato lleva a responder por lo que afecte al bien común. O sea que somos responsables con el deber ser y con el querer ser, con lo que hace bien, que hay que sostenerlo, y con lo que hace mal, que hay que juzgarlo. Como dice Eduardo Couture, el jurista uruguayo, si lo legal es el todo, lucha por el derecho; pero si lo legal entra en pugna con la justicia, lucha por la justicia. La responsabilidad es saberlo hacer: construir el bien.

Pero si contra lo responsable está la irresponsabilidad, que es la negación del derecho y la razón construida, la inteligencia habida y la moral (costumbres buenas) necesaria para que una sociedad funcione, lo que hay deja de ser y aparece el dolor. Y esta irresponsabilidad comienza cuando las respuestas que se dan son inadecuadas, cuando se miente o se desvía la atención, asumiendo contrataciones que atentan contra el hombre, el territorio y la ética, tres palabras que son el buen vivir. En La metafísica de las costumbres, Emmanuel Kant, propone la contratación debida (la que no se basa en relativizaciones) como la suerte de una sociedad, su ascenso o su caída. Algo parecido aparece en El contrato social, de Jean Jacques Rousseau. Ya, en la irresponsabilidad, construimos el tercer mundo, donde todo es triste y nada es.

Acotación: La guerra nace de un acto irresponsable, la naturaleza se muere a causa de un acto irresponsable, los hombres y mujeres pierden el norte, debido a un acto irresponsable. Y ese acto irresponsable no es otra cosa que la negociación de principios. Groucho Marx, el cómico, lo tiene claro: yo tengo principios, pero si no le sirven, tengo otros. Un irresponsable .