Columnistas

SOBRE LA NATURALEZA

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19 de mayo de 2018

Estación Fisio-Química-Biología, a la que llegan los que estudian la Phisis, las transformaciones posibles y los organismos vivos, y vienen acompañados de estudios debidamente revisados y confrontados, clasificaciones de materiales (resistencia, forma, movimiento, carga) y tipos de vida micro y macro, conocimientos de fenómenos, principios y leyes, fórmulas matemáticas aplicadas a técnicas usadas, pruebas habidas sobre el terreno (ensayo-error-contingencias), historiales sobre lo que ha pasado aquí y en otras partes y hasta conjuros, que la naturaleza se mantiene en los lindes de la incertidumbre y, a pesar de las investigaciones, encierra todavía misterios, manifestaciones de ley de caos y posibles reversiones, pues la Tierra (que es donde estamos), es un ser vivo y en calidad de tal reacciona, duerme y se despierta. Y no funciona con política sino entendiéndola con ciencia.

El siglo 19 (tan bien narrado por Julio Verne) inició el paso de la energía viva a la energía muerta (de la fuerza de los cuerpos a la de los combustibles); de una época en la que el hombre estaba sujeto a la naturaleza (vientos, fuerza de animales), a otra donde se comenzó a dominar la naturaleza (la máquina de vapor moviendo barcos y trenes; la máquina dinamo, la energía eléctrica), yendo libre por los mares y la Tierra, rompiendo los continentes (Canal de Panamá, Canal de Suez), conduciendo agua desde lugares remotos, produciendo acero y comunicándose como nunca lo había hecho (el telégrafo). Fue el siglo del optimismo, la Tierra manejada por nosotros; la de las ventajas comparativas (explotación de recursos), los países colonialistas (que comenzaron la devastación) y el reino de la máquina.

En el siglo 20, el más desastroso de la humanidad, la naturaleza pareciera estar bajo el dominio del hombre y por eso no teme destruirla (la bomba atómica), pues suponemos que la Tierra es un ente inagotable que lo resiste todo. Y en esto de la mega explotación, la Tierra se resiente y se habla de ecología, pero la codicia es más fuerte. Lo sabemos todo, se dice: podemos cambiar el curso de los ríos, recargar las montañas con edificios, hundirnos en las profundidades (minería, explotación marina), llenar el aire de nuevos humos, convertir el planeta en una bodega para sacar de ahí el desarrollo, el poder político y el querer seguir la explotación en la Luna y otros planetas. Pero la física es la física y no por nombrarla y definirla la dominamos. Pasa igual con la química y con la biología, que funcionan de manera autónoma. Y en esto del hombre sabe y usa, la naturaleza responde con lo que no sabemos: el secreto de la vida y la memoria de la bioesfera.

Acotación: Y las cosas pasan por no aprovechar la experiencia de los más viejos, de esos ingenieros que trabajaban con la naturaleza, amándola, entendiéndola y aplicando márgenes de error. Esos ingenieros que asombraron a Julio Verne y a H.G. Wells.