SOBRE LAS GANAS DE SALIR CORRIENDO
Estación Desconcierto, en la que nada cuadra, pues todo es un descuadre a veces calculado y la certeza reclamada resulta al fin siendo una mentira o un reacomodo para ir por un camino que se abre en varias direcciones, cada una llevando a nada. Los tiempos en que vivimos (que parecieran des-tiempos en los que cada documento y personaje marcan la hora que le interesa) están repletos de desconciertos, fraudes, sub-fraudes, semi-fraudes, proto-fraudes y reparticiones diversas, cuentas maquilladas a última hora, contradicciones (lo que implica que no se sabe de qué se habla), información recortada y bueno, pasa algo semejante a cuando Melingo canta un tango dejando que las palabras se le resbalen de la boca y caigan quién sabe dónde y en forma de qué. Y en este punto de la des-concertación, a uno le entran ganas de salir corriendo, saltando, buscando un hueco o subiendo por las paredes.
Dan ganas de salir corriendo debido a los mensajes tan mal escritos, y parecidos a las frases de la Esfinge, que aparecen en los comentarios de los lectores; las rabias y desahogos que se sueltan en las redes como arañas con el trasero encendido; las acusaciones sin sumario (lo que sería calumnia); los pedidos a D’s para que nos salve de lo malo que hicimos, en fin (o es el fin). Y a estas es claro que hemos perdido el norte (¿será posible que ya esté falsificada la aguja de la brújula?) y ya la inteligencia esté obstruida por las emociones-obsesiones y los mantras, los cursos de lectura rápida y los sistemas de aprenda esto o lo otro en diez días, la propaganda revejida y los fantasmas que nos crean los medios. Con los calores y aguaceros que a cada día nos caen encima (¿nos están probando para ver qué tanto resistimos?), también llegan las confusiones con relación a quiénes deben ser responsables de esto o lo de más allá (puentes, edificios, hidroeléctricas), las posibilidades de fraude electoral (a más del financiero, intelectual, científico, moral) y el ejercicio continuo y desmesurado de la mentira, que tendría con los pelos parados a Freud, Adler y Jaspers. Y es que, en todo este lodazal y calentura, todo se altera, nada está completo, los retoques abundan, la escala de responsabilidad está rota y hasta D’s (y los que se hacen pasar por él, los poseídos y entusiasmados) rifa carros y viajes de vacaciones, computadoras y cursos de meditación. Y así, ¿cómo no salir corriendo? El problema es para dónde.
Acotación: No sé cuáles sean los índices de venta de ansiolíticos, pero deben estar altos. Estamos nerviosos, perseverando en el absurdo, aceptando ver visiones y evadiendo lo que pudiera ser cierto. Hemos perdido la razón y, como es normal en esta locura, lo que sigue son milagros, que ya también deben estar corriendo.