SOBRE LOS TRIBUNALES ÉTICOS
Estación Moral, por donde campean fundamentos, permisiones, inmoralidades, seres amorales, fanáticos delirantes, gente seria que resiste, libros a los que les han arrancado páginas o contienen acotaciones con interpretaciones contrarias a lo que dice la frase, voces silenciadas, mentiras repetidas, felicitaciones por no haber hecho nada, condecoraciones compradas en alguna promoción, niños a los que en el colegio les enseñan lo que en sus casas contradicen los padres, ancianos que no saben si ya el fin del mundo pasó y, como dicen algunos, fueron a parar al infierno por equivocación; hombres que no paran de mirarse al espejo repitiendo premisas de sus cursos de crecimiento personal, mujeres haciendo preguntas sobre el género y los tipos de embarazo, profesionales considerados como técnicos y técnicos que ya no saben en qué lugar están, predicadores que se contradicen con el ejemplo que ponen y bueno, ahí está la palabra moral, aporreada, burlada y con cara de ser un mimo.
La moral y su enseñanza, la ética, es aquella costumbre buena creada (y pasada por la experiencia) por las sociedades para evitar desmesuras, injusticias y deshumanización (volver a ser animales con miedo). Y su fin es que no haya desorden, que cada cosa se cumpla de acuerdo con el objetivo para la que fue creada y, bajo la norma, no cometer errores. Es moral hablar correctamente, ejercer bien un oficio, investigar para mejorar condiciones, estudiar los cielos y la tierra para que el uso de los conceptos sea el debido etc. Y para que esta moral se mantenga, pues en ella no se causa dolor, se han creado los tribunales éticos, compuestos por los mejores en cada profesión, para que la moralidad se mantenga vigente y las instituciones actúen en favor del estar bien, fomentando una buena condición ciudadana.
Los tribunales éticos, que serían la base fuerte social, están (o estaban) en la medicina, el derecho, la ciencia, el periodismo, la economía, la religión etc. Y su función es (o era) clara: dictaminar, en bien de la sociedad, que lo ejecutado no riña con el bienestar del otro, que los mejor dotados ocupen los puestos debidos y desde allí den ejemplo social, que la equidad exista y las profesiones y oficios tengan su lugar y acreditación. Y, al mismo tiempo juzgar con severidad cualquier acto que vaya contra la moral, anteponiendo incluso lo justo a lo legal. Así, con base en estos tribunales (compuestos por incorruptibles), se creó la civilización y se puso coto a la barbarie. Y la inteligencia tuvo un fin: avanzar mejorando. Pero algo pasó y ya esos tribunales no funcionan bien, se corrompen, tienen miedo, y así pasa lo que pasa.
Acotación: En la razón del criterio (o del juicio) y en La metafísica de las costumbres, Kant es claro: el hombre, al estar en sociedad, ejerce un contrato en el que se compromete a ser bien él y con los otros. Y ese contrato debe ser revisado cada tanto para que se cumpla. Y si no se cumple, se penaliza. Esta es la función de los tribunales éticos cuando no se corrompen.