SOBRE PENSAR DISTINTO
Estación Cerebro, a veces llena y en otras vacía, que todo depende de la situación, el calor y los datos; en ocasiones con ideas innovadoras que leen la realidad que nos toca o con apreciaciones viejas que no se ven en el siglo sino en alguna epopeya abundante en héroes, dioses y monstruos, ambas posiciones producto del mundo en que se vive o de los miedos que se tengan, de las relaciones habidas o de las obsesiones contraídas; las unas midiendo la posibilidad de futuro (haciendo prospectivas) y las opuestas tratando de usar lo destruido, cuando no es que todo nace de la mala información, de las fake news o de alguna deformidad, pues en Cerebro el funcionamiento de las neuronas (lectoras del exterior) se relaciona con lo que se sabe, se teme o se evade, se cree o no se quiere creer, lo que ya implica diferencias de percepción, intereses propios y, recurriendo a Freud, malas sublimaciones.
De acuerdo con las teorías del Personalismo (o del egoísmo necesario que tanto pregona Ayn Rand), todos los seres somos distintos y, en esta diferencia, creamos nuestros propios mundos, no tan diferentes entre sí (muchos los hemos pactado, la ciencia, por ejemplo), pero con variaciones en torno a lo subjetivo. Y en esto que varía, que nace de la educación recibida, del ambiente en que se habita y las condiciones de vida, lo que incluye emociones, traumas, sobresaltos y delirios, un cerebro no se parece otro, así como cada nariz es distinta, igual que los ojos, las cejas, la manera de caminar y hasta de despertarse. Habitamos la variedad y, en esta diversidad, nos aportamos a partir de la diferencia. Y es claro: dos que piensan igual no se aportan nada, por lo tanto, uno de los dos, sobra.
Pensar distinto es lo que nos ha hecho progresar. Y en esto los rabinos son claros: de dos verdades la mejor es la tercera. Si usted me habla de rinocerontes y luego yo doy mi versión de ellos, sumando lo que se ha dicho, aparece una tercera verdad enriquecida. Así, pensar distinto no es un asunto de demostrarle al otro que está equivocado (como ha sido la herencia inquisitorial), sino tener algo que aportar a lo que se dice. La versión del uno es tan válida como la del otro, y no porque todo sea relativo (lo cual es una estupidez) sino porque es imposible que no haya puntos de encuentro. Ya, encontrados, se discutirán las diferencias sin que sean mediadas por la emoción. El calor es transformador, pero el exceso destruye.
Acotación: las brechas, entre más anchas, más imposibles de pasar. Y polarizarse es dividir, volverse más pequeños y agrandar problemas. Pensar distinto, como dice Buber, es tender un puente. Claro que en este país los puentes se caen antes de que estén hechos.