Columnistas

Sobre Proyectos con Vida Propia

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02 de abril de 2018

La vida es eso que pasa mientras esperas que haga efecto un relajante muscular. Mientras reúnes la fuerza para comenzar de cero. Mientras revisas obsesivamente el Facebook, no porque quieras saber de la vida de los demás, sino porque estás paralizado. Porque tienes miedo. Vamos a sincerarnos, en este mundo de autoayuda, coaching, en el que puedes leer por Twitter al Dalai Lama y ver qué desayunó el Papa, porque lo subió a una historia de Instagram, se supone que todo es posible. Los vemos sufrir, ser humanos y nos repetimos mantras urbanos sin cesar, como que el fracaso es normal y hasta bueno, o sea que celebra que te botaron del trabajo o que tú país lo destruyó un dictador porque ¿sabes qué? Te están enseñando a ser fuerte. Así que vemos a Will Smith o a Paulo Cohelo declarar que el pensamiento positivo puede más que la inteligencia y que cualquier otra cosa y con esa nos quedamos.

Si el pensamiento no es suficiente quizás haya algo en el centro comercial que termine de llenar el vacío. Zapatos que decretan “Impossible is nothing”, o un automóvil que que te confirme el poder de tus sueños o que puedes ir más lejos. Pero, la verdad es que a pesar de todo seguimos paralizados, muertos del miedo y más paranoicos que nunca.

Hace ocho años comencé un blog. Mi sueño de ser escritora se había ido por el desagüe en algún momento de esos que pasan entre una gripe y una prueba positiva de embarazo. No sé porqué, pero dejé mi talento de lado, mis ganas, me distraje y había dejado de escribir. Las excusas sobran, pero en realidad yo tenía mucho miedo, no sólo de que no me leyeran sino de no ser suficientemente buena, y por eso abrí mi blog con un seudónimo. Detrás de esa identidad me escondí, y me sirvió para al menos no sentir tanta pena de ser yo misma.

El blog me liberó en muchas formas, me trajo hasta aquí, pero no fue suficiente. Ha seguido pasando algo en mí que me impide avanzar. Ese algo es miedo.

Hace unas semanas se me ocurrió la idea de hacer un reto de lectura. El reto consiste en dar la vuelta al mundo en 80 libros. Comencé con Venezuela, con un libro de Francisco Herrera Luque, luego me fui a Colombia con uno de William Ospina, de allí pasé a Chile con Alejandro Zambra y al terminar ese me leí uno sobre la democracia y el populismo de Danni Ziblatt y Steven Levitsky titulado Cómo mueren las democracias. Finalmente, ayer terminé la vuelta por Nicaragüa con Gioconda Belli a través de su novela La mujer habitada. Es una aventura que puede parecer algo trivial, y fácil, pero 80 libros no son cualquier cosa. 80 libros es lo que lleva mi club de lectura en casi 9 años de reuniones. 80 libros es un reto.

El reto comenzó como parte de mis actividades de lectura, una aventura íntima y cierta forma, de esas cosas que se me ocurren entre dejar un niño en el colegio y aceptar mi título de maestría. De pronto, me vi en la cocina, llena de harina, haciendo pan indio porque los libros me dan hambre y amo la idea de cocinar libros. Y así el proyecto tomó vida propia: A cada libro su receta. Es que la cocina y el vino son mis mis otras pasiones, y de allí comenzó esa otra etapa de un reto que ya no sólo es lectura, es cultura. Es una forma de darle vida a los libros.

Entonces, para cocinar Cómo mueren las democracias hice Penne all’Arrabbiata, porque qué rabia lo que hacen los políticos con nuestras vidas. Libro en mano, con una receta de Mario Batalia un párrafo ataqué la cocina. Y lo gocé.

Soy una mujer de mil proyectos. En mi surgen ideas como produzco CO2 al exhalar, pero termino muy pocas cosas. Desde que comencé a escribir y a bloggear ha pasado mucho tiempo ya, he arrancado cosas buenas, he soñado grandes cosas, pero sigo sin terminar ninguna. Siempre dejo que algo me frene, un miedo al fracaso o a que dirán los demás. No dar la talla o que nadie escuche. Así que este es un compromiso que como sea tengo que terminar.