Columnistas

SOBRE SI Y NO

Loading...
06 de agosto de 2016

Estación Discusión, y a veces alegato, pelea, discordia, malas miradas, sospecha, odio y hasta calumnias y golpes, porque en esto del Si y el No, palabras cortas y fáciles de pronunciar en cualquier idioma (no faltan los dialectos de los mares del sur para desmentir lo anterior), es posible que todo pase: lo bueno y lo malo, lo cierto y lo incierto, lo que es verdad y es mentira, lo que avanza y para, lo que abre y cierra, en fin, entre el Si y el No habita un sí condicional (lo que no pasa con el no), y es en este asunto de las condiciones, que abren ojos y bocas, que estas dos palabras (Si y No) se contraen y se dispersan, van y vienen, crean y descrean y establecen presuntas verdades por las que corren intereses, formas de seguir y de parar, de sentir y obviar, de adquirir responsabilidades o quitárselas de encima, de alegrarse o lograr arrepentimientos y, lo más risible, de decir mi No era Si y mi Si era No, porque en este asunto de Si y No la memoria es frágil, los intentos de olvido abundantes y bueno, el mundo sigue.

Sí miramos el Si, todos los que estamos vivos somos consecuencia de esa afirmación (salvo en caso de violación). Por el Sí el progreso se ha dado, las teorías se han llevado a la práctica y los grandes retos se han hecho posibles. De no ser por ese Si, que tuvo muchos No en contra, seguiríamos en las cavernas, no habríamos atravesado el mar ni volaríamos de un lugar a otro. El Si es un asumir el reto, construir con base en él y asumir responsabilidades. Sin embargo, con el Si también se han construido totalitarismos, se han aceptado errores como certidumbres, se ha ido a la guerra para regresar destruidos y se ha seguido a personajes nefastos que pudieron ser detenidos con un No. Así, el Si, siendo afirmativo, no siempre es funcional. En el consumismo y el Si como felicidad, las frustraciones se crían y muerden...

En el caso del No, esta palabra es una manera de no comprometerse y evitar responsabilidades. Con el No nos hemos atrasado, lo que pudo ser no fue y los remordimientos y el complejo de culpa se hicieron inevitables. La historia es abundante en estos casos. Pero también con un No a Hitler y a Stalin, los alemanes y los rusos no habrían sufrido lo que sufrieron ni (si los norteamericanos se hubieran opuesto) la bomba atómica habría arrasado Hiroshima y Nagasaki. Con un No a tiempo se evitan accidentes, se detienen errores y se logran aprendizajes básicos. Las independencias se basan en No a los coloniajes y, con un No a la disolución, se han creado nuevas sociedades. Entonces, el Si y el No, son un ejercicio del libre albedrío, y que se enfrenten y confronten ha permitido el justo medio.

Acotación: las sociedades y la historia se han construido con base en el Si y el No. Y si bien lo que hoy es Si y mañana es No (y viceversa), los datos que la afirmación y la negación proveen nos permiten pensar en equilibrio. Un No continuado, igual que un Si, tienen siempre un mal fin. La mezcla es la que funciona.