SOBRE TANTO COMPLEJO DE SUPERIORIDAD
Estación Inferioridad, situada no sé si en el tártaro de los griegos, en la gehena de los judíos o en la isla de Ceilán, donde el diablo trató de seducir a las malas a la hermosa Cita (no está claro si lo logró) hasta que Rama, con la ayuda de Hánuman, el rey de los micos, la saca de ese infierno que es el deseo que no se satisface y que nace de querer y no poder, de darse aires enrarecidos y de andar por ahí burlando la realidad y desprestigiando a otros usando todo tipo de cocciones, igual que el furioso y envidioso enano Alberich de los Nibelungos, despreciado por las ninfas del Rin, más dadas a Sigfrido que sabía acariciar. Y en esta estación Inferioridad, tan llena de complejos (anexos con asuntos no entendidos), las cosas se revuelven, aparece la mezquindad, el miedo crece y esto de lo malo, lo bueno y lo feo (como en la película) se convierte en una extraña torta que hasta las hormigas evaden, pues contiene más veneno que fibra, más radiación que seguridad y claro, la razón ya no funciona.
A los sentidos de cualquier grupo extraterrestre (que los alienígenas ya deben andar por ahí de tanto mencionarlos, lo que se nombra comienza a existir), la superioridad la dan las obras y no las meras palabras, es producto de una construcción y no de un mero deseo. Nace de palabras convertidas en hechos reales y no de difamaciones, iras, burlas, eufemismos y delirios. Y cuando ya el asunto no es superioridad (lo ganado con autoridad) sino complejo de superioridad (soberbia, negación del otro, miedo al otro), este aparece como efecto del complejo de inferioridad, que es un no aceptarme y soñar todo el tiempo con ser lo que no soy y desborda la realidad radical que me contiene y en la que tengo que vivir, así me mienta.
La inteligencia, un bien cada vez más escaso, tiene claro que para que algo exista como es debido debe ser confrontado. El método científico es claro: no se da por cierto o falso lo que otro dice hasta que no se pasa por la experiencia de lo dicho y se miran los resultados. O sea que no se parte de una presunción sino de puesta en realidad. Sin embargo, entre nosotros, no sé si debido al calor o a que lo que sabemos lo entendemos mal o a que preferimos mirarnos al espejo y no en la cara del otro, la ciencia y la cultura (que se confunde con folclor) van perdiendo su contenido de realidad frente a la soberbia del que sufre complejo de superioridad, que no solo se niega a ver lo evidente sino que también impide que la realidad sea y así, carente de autoridad, busca satisfacer deseos (ideas falsas) y no conocimientos (entendiendo). Y en esto de creerse grande, hace el ridículo, cosa ya muy común y triste.
Acotación: El complejo de superioridad (enfermedad mental en la que se trata de esconder la ignorancia asumiendo la soberbia) se ha vuelto común y se manifiesta en gente que busca títulos y honores, en serviles que tienen gente a su cargo, en mandos medios que se corrompen etc. Y comenzamos a estar mal, pues uno no es inteligente creyéndose una fantasía sino siendo y haciendo.