Columnistas

SOBRE TANTOS CARACTERES LIMITADOS

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22 de julio de 2017

Estación Twitter-político, en la que los trinos no son de aves canoras (como diría el poeta) ni apuntes de tiple (o acordes, como se quiera), sino voces o gritos que se acaloran al punto que son casi fiebre amarilla, ideas que no se concluyen, emociones que van y vienen como si saltaran sobre aceite hirviendo, palabras de verduleras estafadas, grafitis mal hechos, boletas de panfletos a medias, acusaciones sin fundamento, mentiras mal contadas, rabias contenidas en frascos rotos, palabras de mujeres del oficio a las que les hicieron conejo, y en fin, que la política de estas tierras, las del norte y las del sur, ha hecho del Twitter un desahogo, una catarsis, una segregación permanente de adrenalina y una exhibición constante de mal gusto e ignorancia, pues no se responde con inteligencia y análisis sino con lo que venga, como si las palabras fueran mosquitos que pican y entonces hay que maldecir y rascarse, escupir y sacudirse para soltar lo que nos aprieta o tratar de meterse en la talla que no es. Y caemos.

Karl-Otto Apel, el filósofo alemán, definía la comunicación como el a-priori a cualquier acción. O sea, se comunica algo y, con base en lo dicho, el otro reacciona. Así, si la comunicación es adecuada, la acción responde igual. Y viceversa, para lograr lo contrario. De manera inteligente, comunicar es una especie de paso de la potencia a la acción mediada por una razón o una voluntad de bien (como decían Baruj Spinoza y Salomón Gabirol) lo que da como resultado un valor. Pero si este paso está mediado por la pasión triste (el ofusque), los resultados generan el caos y el desasosiego, impidiendo la función comunicativa, que es la que hace que nos entendamos y, en este entendimiento, podamos construir. Y a todo esto, somos lo que comunicamos, eso que nos define en el cuánto sabemos y cómo lo aplicamos, en qué espacio estamos y a dónde nos dirigimos. La comunicación es el mundo que creamos.

Karl Jaspers, filósofo y psicoanalista (autor de El problema de la culpa y perseguido por Hitler), sostenía: la comunicación es lo que nos convoca. Tomando esta idea, la comunicación, de acuerdo con su uso, puede ser una fiesta, un encuentro de sabios, la aclaración para un bienestar común y una construcción adecuada del pensamiento. O un aquelarre, una reunión de delirantes, una entrada en la oscuridad y un desmadre con consecuencias nefastas, que es lo que ahora nos pasa con este huracán twittero en el que la palabra no es un puente sino un ataque, una pera de boxeo que no cesa de responder a quien la golpea, meras quejas e insultos, y bueno, una demostración de qué tan vacío está el cerebro.

Acotación: los hombres primitivos hablaban con muy pocas palabras, eso se entiende: apenas si conocían el mundo. Ya, cuando hubo muchas, aprendimos a concentrarlas en conceptos e ideas, para ser más claros. Y el Twitter, que sería la suma de la síntesis, la gran navaja de Okham, demostraría que tan inteligentes somos. Pero no, volvemos a los tiempos cavernarios y a falta de palabras lo que aparecen son garrotes. Y bueno....