Columnistas

Sobre The Beatles y cambiar el mundo

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21 de mayo de 2018

Hay una teoría que dice que para convertirse en un experto en algo hay que practicar durante diez mil horas. Esta es una de las hipótesis detrás de la genialidad de The Beatles. Cuando Ringo, Paul, John y George comenzaron a tocar no tenían dinero y tuvieron que aceptar un trabajo en Hamburgo, en un bar de borrachos y prostitutas que les pagaba por tocar hasta doce horas seguidas.

Esa parte de la historia generalmente se pierde entre todo lo que vino después. El twist, los gritos, América, el Sargento Pimienta, el rock, el diablo, la fama, Yoko, la muerte. Es que las leyendas son eso. Un misterio que al resto de los comunes mortales nos deja pensando que para hacer algo así de grande la única fórmula posible es estar tocado por la mano de Dios.

Como todo en esta vida hay gente a la que no le gustan The Beatles. O les perecen tontos o demasiado melosos y simples. No es de extrañar que en esta época haya quien le parezca que una frase como “Todo lo que necesitas es amor” es una tontería cuando géneros como el reguetón han llevado las letras de las canciones a terrenos muchísimo más complejos. Después de todo hablan de ser un tipo que está con cuatro mujeres y esa es su vida normal. ¿Quién va a querer detenerse un momento en la sencillez? ¿Para qué? ¿Cómo es que eso cambió el mundo?

Un clásico tiene entre otras características que perdura en el tiempo y es inagotable. Nunca fui fan de los The Beatles, quizás porque el rock no era lo que mis papás escuchaban. Si llegué a apreciar una banda de los años sesenta fue por mis hijos. Ellos, nacidos más de cuarenta años después, escucharon una canción y se engancharon. Así pasé de escuchar canciones como el pato cuá cuá, para luego pasar por una breve etapa de Despacito, para darme cuenta que entre algo que sonó en la radio y un video en You Tube íbamos camino al colegio repasando toda una discografía que cambió el mundo, que transformó la forma en que la sociedad occidental se pensaba, se miraba, se vestía, se amaba, se presentaba y yo no me había dado cuenta que estaba allí.

No sé si los The Beatles, o cualquier gran artista, se propone cambiar el mundo. No sé todavía si un resultado como ese se logra a través de la voluntad, la conciencia, la visión o si es algo más orgánico. Más pensado. Quizás es una mezcla de factores, todos tan sutiles que no podemos aislarlos. Lo que sí es seguro es que además del talento hace falta el trabajo. Trabajo arduo, constante, comprometido. Cosas que hoy en día se dan por sentado.

Vivimos en una era en que casi todo el mundo se levanta soñando con ser un éxito instantáneo. La gente que empuja porque tienes que convertirte rápido en influenciadora, viral, popular, decir lo que la gente quiere para que te lean. Identificar lo que la gente quiere y correr hacia ellos vía la red social del momento. Hoy en día abres tu teléfono y allí tienes una audiencia. También como consumidor ahí tienes producto y no todo es embrutecedor. Hay mucho en las redes que tips para que aprendas a escoger tu rímel y a pintarte las pestañas para que luzcas como una sexy virgen polaca. Pero de ahí a cambiar el mundo hay una brecha muy grande.

The Beatles hicieron más que música, en ellos hay algo atemporal, que llega a lo más humano. Que no se desgasta, que no tiene idioma, ni época. Es tan sencillo que intriga y es a la vez tan profundo que no se puede descifrar. Su música es un consuelo y un acertijo todo a la vez.

Hay muchas teorías apocalípticas sobre la sociedad de hoy. Ciertamente estamos cada vez más desconcentrados y el producto artístico es cada vez más superficial. Un artista es muchas cosas y además tiene una imagen. Ya no es sólo pensamiento, es también producto y no es fácil para nadie asumir el sacrificio inherente a convertirse no un influenciador de redes, sino en un visionario que desarrolle algo capaz de transformar a la gente desde adentro. Cambiar el mundo no es tubazo, un hit, después de todo el talento sin esfuerzo no sirve para nada .