Columnistas

SOBRE TURISMO Y TURISTAS

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22 de diciembre de 2018

Estación Llegamos, que en muchos de sus escenarios el asunto tiene que ver con la novela de Fernando Vallejo, pues esto de desplazarse de un lugar a otro en masa (y con sentimiento de masa) hace que el llegamos (expresión turística) sacuda toda la infraestructura de recepción y partida, en especial aeropuertos, terminales de buses, carreteras, hoteles y paraderos, entradas y salidas de ciudades, a más de la estructura ecológica que, ante la llegada de los veraneantes, comienza a recibir basura de todos los tipos: plástico en bolsas y botellas, papeles de aluminio, cartones y amarres, pilas de teléfonos y altoparlantes, y residuos peligrosos como el detergente y los jabones, los aceites y los elementos químicos de desodorantes, protectores solares, limpiadores etc. Y en esta llegada con gente de cachucha y pantaloneta, camisillas y tenis, abundan también las palabrotas, los aires de suficiencia y el calor que enciende lo demás. Hay que ver las caras.

Jacques Attali, el economista argelino- francés, habla del hombre nómada en un libro que comienza con recolectores y ganaderos y termina con gente que busca en Internet lugares nunca vistos, teorías nuevas (incluso mentiras) o, en su defecto, contactos con gente que no conoce y con la que crea redes para no sentirse solo. Y esto no está mal: somos andariegos y curiosos, gente que se mueve, habla y actúa, se queda quieta y engorda. Pero cuando del turismo se trata, la situación cambia. Un turista, a diferencia del viajero, es un hombre o mujer que dan una vuelta rápida, y su interés no es científico ni cultural sino ejercer el goce. Y en este ir y regresar en pocos días, marca los lugares que visita, sea de manera económica (todo se encarece), social o ecológica, dejando desconcierto en su acción.

En el mundo de la economía de los servicios, el turismo es el más apetecido: su innovación es poca, la investigación mínima y la clientela muy moldeable debido a que más que razones lo que busca es emociones. Y si no hay que mostrar (pocos son los turistas que conocen algo que no se sea lo que las fotos muestran) se entra en el patrón de las fiestas, el divertimento y el recalentamiento de estómagos, muslos, hombros y caras, frente a un mar o un río (también se incluyen plazas) atiborrados de objetos, ruidos y lo que sea. Si de algo se compone la nueva tierra, es de lo que sobra.

Acotación: Muerte en Venecia, de Thomas Mann, es una novela de turistas. Se escribió hace más de un siglo y ya Venecia es un basural continuado, lo mismo que las islas del Mediterráneo y las playas del Caribe. Y las ciudades, que llaman al turismo para que todo se encarezca. Bueno, es el ejemplo de los políticos, que solo hacen turismo. Que son como el turismo.