Sociedad derrumbada por la corrupción
Construir un edificio de más de cuatro plantas lleva meses, requiere un volumen de materiales considerable y ocasiona alteraciones en las rutinas del sector donde se levanta. La Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Bolívar le confirmó esta semana a EL COLOMBIANO que son al menos 100 las edificaciones que presentan problemas estructurales, constructivos o de licencia en Cartagena y que por eso se encuentran en riesgo.
El pasado martes, el director Ejecutivo de la Cámara Colombiana de Infraestructura en Antioquia, José Fernando Villegas, también observó que no se trata solo de construcciones residenciales sino que se detectan irregularidades en escuelas y hospitales.
En Medellín, por ejemplo, se da la espalda al juicio de responsabilidades políticas y administrativas que merece la construcción de los parques biblioteca, algunos de los cuales exigen remodelaciones, en menos de doce años de entregados al servicio, cuyo valor duplica los costos para el bolsillo de los contribuyentes. Se cayó Space. Acaban de condenar, a penas menores —frente a la cuantía económica y moral del daño—, a directivos de la empresa Lérida CDO y a su ingeniero calculista.
En Urabá se han hundido carreteras recién estrenadas. Se desplomó tres años atrás un puente en Bogotá durante las pruebas de carga. Noticias Caracol tuvo material suficiente para hacer en 2017 una serie sobre edificios públicos y privados que por su mala planeación o por anomalías administrativas terminaron convertidos en elefantes blancos.
El doctor Villegas Hortal no rehuyó la reflexión que exige el momento: ¿qué le pasa a esta sociedad? ¿Cuál es el país que les vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Cuál es el papel de líderes, empresarios y universidades para enderezar el curso y formar profesionales idóneos que no antepongan el afán de lucro a sus responsabilidades y su ética?
En los desastres recientes de ingeniería y arquitectura se perdieron vidas humanas y capitales familiares, que pasan por historias largas de esfuerzo, entrega, sueños y proyectos difíciles de reemprender y rehacer sobre todo frente a lo que fueron originalmente.
También está retratada la voracidad de personajes que perdieron la noción del daño inmenso, y en muchos casos irreparable, que podían causar por ahorrar materiales o comprarlos de mala calidad. Por “adelgazar estructuras”, por obviar fallas o debilidades en suelos y licencias. Por construir castillos de naipes con barajas tramposas y robarles la plata a los clientes y a los contribuyentes. Nadie vio nada.
Estamos ante una sociedad derrumbada por la corrupción y en la ruina de sus vicios.