SOLO SE PERDONA LO IMPERDONABLE
Algunas veces bajo una lluvia helada, otras bajo la sombra de los guayacanes en flor: así transcurrieron los días y las noches del Festival de Cine de Jardín celebrado en esa población del Suroeste de Antioquia. Fue una fiesta del cine dedicada a la memoria, el perdón y la reconciliación.
Los auditorios, los hoteles y los parques fueron colmados por más de 7.000 visitantes que respondieron a la convocatoria de la Corporación Antioquia Audiovisual, la Alcaldía de Jardín y el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia para asistir a una muestra de películas y cortometrajes nacionales y extranjeros dedicados en su gran mayoría a las tragedias de la guerra y, al mismo tiempo, escuchar a los 15 expositores invitados a participar en el seminario sobre el fin del conflicto armado en Colombia.
Este fue el evento más concurrido del Festival. El lema del seminario fue la frase del filósofo francés Jacques Derrida “Solo se perdona lo imperdonable”. Ella sirvió de punto de partida a las intervenciones de Miguel Littín, Lisandro Duque, William Ospina, Vera Grabe, León Valencia, Jorge Giraldo, el Padre Francisco de Roux y Víctor Gaviria, director del Festival.
El director chileno de cine Miguel Littín, invitado de honor, presentó en la muestra central su documental “Allende en su laberinto”, sobre el sangriento golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende en 1973.
En la presentación del documental, Littín dijo que las columnas vertebrales de su obra son la memoria y el dolor por la injusticia: “El dolor se oculta, permanece sereno, subterráneo... El odio es cobarde, pragmático... Espera años, generaciones, hasta que las circunstancias empujan a unos y a otros a demandar justicia”.
“El amor es pasajero... En términos sociales, no existe pueblo que se mueva por el amor. El odio, en cambio, moviliza... Controla, ejerciendo el poder... Es el motor principal que produce el agravio...”, dijo.
Uno de los episodios más emotivos del Festival fue la presentación del documental “La marcha continúa”, realizado por Víctor Gaviria, Luis Fernando Calderón y Jorge Mario Álvarez, sobre el secuestro del gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria Correa y su asesor de paz, el exministro Gilberto Echeverri Mejía, durante una marcha por la paz, en 2001. Ambos fueron asesinados por guerrilleros de las FARC en las selvas de Urrao, un año más tarde, junto con ocho policías, durante un fallido intento de rescate por parte del Ejército Nacional.
Otro de los momentos memorables fue la premiación de la Muestra Nacional de Cortometrajes Caleidoscopio. A la convocatoria se presentaron 230 cortos. El primer premio en la categoría de documentales fue para “El susurro del abedul”, de Diana Montenegro. En la categoría de ficción, el cortometraje ganador fue “Porque no” de Ruth Cuadril. Los demás premios también fueron ganados por mujeres.
Durante sus intervenciones en el seminario sobre el “Postconflicto” y el fin de la guerra en Colombia, los directores de cine y los conferencistas invitados coincidieron en sus críticas a la guerra como forma de existir.
Víctor Gaviria, director del Festival, hizo un llamado a los colombianos a rehacer los tejidos de la vida en comunidad, a pesar del resentimiento y el miedo: “Rehacer la potente vida de todos los días que ha borrado el pasado. Cubrir el pasado tenebroso con el manto de la vida porque solo el manto de la vida rehecha permite que la vida continúe”.
Es el mismo llamado de Jacques Derrida, recogido en las páginas del catálogo del Festival: “Si solo se estuviera dispuesto a perdonar lo que parece perdonable, entonces la idea misma del perdón se desvanecería. Un perdón digno de ese nombre debe perdonar lo imperdonable”.