SOMOS FAMILIA
Por
Ana María Gallego Rendón
Universidad de Antioquia
Comunicación, tercer semestre
anamariarendon125@gmail.com
Medellín, ciudad con un avance progresivo en infraestructura y educación, con un panorama que pinta competitividad y desarrollo ante el mundo, maquilla un poco su cruel realidad en cuanto al tema delincuencial juvenil que afecta indiscriminadamente a todos sus ciudadanos.
Es conmovedor observar cómo los más jóvenes son los apoderados de bandas delincuenciales, cabecillas, y los propios ejecutores de los actos más crueles y vandálicos que conforman la problemática de violencia en la ciudad, dentro de lo cual vale la pena preguntarse ¿Por qué Medellín, siendo la cuna de la innovación y las oportunidades alberga tanta oscuridad y terror en sus jóvenes que se supone representan el futuro del país?
Es claro que las oportunidades no les llegan a todos, que sigue habiendo una desigualdad latente que sostiene a una elite favorecida, y que las zonas más afectadas son quizás las menos favorecidas; pero las ayudas están, en algunos casos de manera intangible y poco mediática, pero aparecen no para dar solución a un problema de manera inmediata, sino para crear plataformas que proporcionen los recursos que ayudan a crear pequeños sistemas de mantenimiento económico, donde al mismo tiempo se busca cambiar un poco la mentalidad de los habitantes que requieren estas ayudas.
Sería prudente que las ayudas que proporciona la Alcaldía fuesen más enfocadas a la raíz de este problema social, el cual se ubica en las familias de estos jóvenes marchitos de existencia, que busque integrar el conflicto personal de los jóvenes con sus manifestaciones delictivas ante la sociedad.
Somos familia porque ella nos provee de una serie de conductas reflejadas en el medio que nos desenvolvemos, y porque a partir de esta se construye más que a un sujeto, a una persona, que trae consigo un conjunto de valores que se aferran a ese ser para moldearlo, construirlo o estancarlo por consecuencia en sus propias acciones.
Es la falta de apoyo desde el hogar, las inseguridades y desconfianza que se crean en esta, y el descuido en el acompañamiento del joven lo que provoca el impulso hacia un mundo materializado en las armas y el “poder” que hace que nuestro futuro se ponga en manos temblorosas y empuñadas hacia la violencia, que nunca encontraron un sostén en sus familias.*Taller de Opinión es un proyecto de El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
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