SUSTITUCIÓN SÍ, ERRADICACIÓN NO
Por Andrés Felipe Serna Vélez
Universidad de Antioquia
Facultad de Historia, 5° semestre
andres.sernav@udea.edu.co
En Colombia, el conflicto armado interno basado en el problema agrario, ha mutado demasiado. La expansión de la frontera agrícola por la bonanza cafetera de comienzos del siglo XX escaló las disputas entre terratenientes y colonos que se repartían los baldíos y los títulos de propiedad. A la resistencia y movilización campesina, le prosiguió el sectarismo y lucha bipartidista de los años 50, hasta la violencia que conocemos hoy, de bandidos y delincuentes sustentados por el narcotráfico.
A pocos meses de los comicios electorales del 2018 por la presidencia de la república, más allá de las disputas políticas entre los candidatos y la creciente polarización de la opinión pública, la atención sobre el campesinado debe estar en el centro del debate.
Más allá de las haciendas de Llano Grande, cuentan algunos arriesgados exploradores, se encuentra el borde del mundo. La otra Colombia, donde pocos llegan en búsqueda del Dorado de nuestros tiempos. Solo que ya no es oro el que brota de la tierra, sino hojas de coca... y en cantidades alarmantes. Nariño, Putumayo, Cauca y Norte de Santander concentran 63 % de su producción y en igual porcentaje, las contradicciones sociales de la nación. Por su puesto, las presiones de los americanos no se hicieron esperar. El Estado represivo volvió a estas zonas en su forma tradicional: de militar y a modo de bombardeo vietnamita.
No es cierto que el aumento de los cultivos sea por el proceso de paz, la eliminación del glifosato o las dificultades de la erradicación manual (que pretende llegar a las 100.000 ha). El trasfondo de la ilegalidad de estas regiones se concentra en su propia marginalidad y el orden alternativo de amplia autonomía que guerrilleros o paramilitares han liderado. Al tomar la criminalidad facultades que se supone debe asumir el Estado, se estableció una mediación entre poder y sociedad civil en sumo muy peligrosa, donde la economía de la droga hizo más rentable cultivar coca, por su demanda constante en los mercados internacionales, compra segura siempre y precios mucho más atractivos que cualquier otro cultivo.
Es compleja la erradicación, hay muchos intereses. ¿Con qué sustituir la vista ciega de nuestros gobernantes? ¿Qué debemos cultivar?.
*Taller de Opinión es un proyecto de El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
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