TED CRUZ Y MARCO RUBIO HICIERON HISTORIA, ¿NO ESCUCHARON?
Por ROBERTO SURO
Desafiando a la mayoría de encuestas y predicciones, un latino ganó las asambleas republicanos de Iowa y otro latino quedó en tercer lugar. Juntos, ganaron más de la mitad de los votos.
Dado que el senador Ted Cruz se tomó casi el 28 por ciento de los votos y el senador Marco Rubio el 23 por ciento, cada uno sobrepasó enormemente los resultados de cualquier otro candidato latino en cualquier concurso presidencial previo en los Estados Unidos.
¿Cómo es que esto no está siendo celebrado como algo histórico o al menos merecedor de un titular por uno o dos días?
La respuesta no es tan complicada: ni Cruz ni Rubio cumplen con las expectativas convencionales de cómo los políticos latinos supuestamente se deben comportar.
Ninguno de estos candidatos dice hablar en nombre de la población hispana ni deriva una parte crucial de su apoyo de los hispanos, y ninguno basa gran parte de su identidad política en ser latino.
Jorge Ramos, el presentador de noticias de Univisión, parece condenarlos sin dar nombres en la columna del mes pasado. “No hay deslealtad mayor que los hijos de inmigrantes olvidando sus propias raíces. Eso es una traición”, escribió.
El día después de los caucus el titular en La Opinión, el periódico en español más grande de la nación, fue “Ted Cruz, primer latino en ganar en Iowa. ¿Por qué no estamos celebrando?” El artículo alega que Cruz niega su identidad hispana. Recuenta con gran detalle cómo a los 13 años de edad él abandonó su apodo español, Felito, a cambio de Ted, el cual deriva de su segundo nombre, Edward. La historia concluye con la indiferencia de Cruz hacia su propia identidad, junto con sus extremas posturas ante la inmigración.
Iowa puso tanto a Cruz como a Rubio en el primer nivel de contendientes, por lo que el asunto de la identidad seguramente se pondrá más complicado a medida que empiezan a competir el uno con el otro más directamente. En sus discursos la noche de caucus, Cruz hizo énfasis en su promesa de aplicar mano dura a la inmigración no autorizada, mientras que Rubio hizo énfasis en la lucha de sus padres inmigrantes por realizar el sueño americano. El contraste no pasó desapercibido con los periodistas latinos. El artículo de La Opinión sobre Rubio lo tenía ‘tambaleando sobre una cuerda floja’ en cuanto a inmigración, apaciguando a la base republicana con retórica dura mientras usaba su propia historia de inmigración para atraer a los moderados.
Apenas una noche de votaciones nos recordó firmemente que las identidades de grupos minoritarios no son ni fijas ni categóricas, pero en cambio pueden modificarse y tomar múltiples formas. Aprendimos eso cuando la primera campaña presidencial de Barack Obama se impulsó con una victoria en Iowa. En el 2008 los votantes pudieron conocer a un político cuyos antecedentes y crianza estaban lejos de ser típicos en la población afroamericana, pero quien sin embargo sirvió como el tribuno de esa población de manera poderosa.
Las identidades latinas son aún menos fijas y categóricas que aquellas de los afroamericanos porque ellos no recurren a una singular experiencia histórica como la esclavitud o el pérfido marcador social de la raza.
En cambio la cultura política latina es relativamente nueva y abarca un electorado bastante variado. Las identidades políticas varían de acuerdo con la procedencia de las personas, cuándo y cómo llegaron aquí y dónde acabaron. Los resultados en Iowa este año aseguran que muchos americanos estarán examinando de cerca a los políticos latinos por primera vez, y va a suceder bajo extrañas circunstancias.
Ambos vienen de un grupo originario nacional, cubanos, con una identidad política moldeada de manera distintiva por exiliados de la Guerra Fría.
Las primarias tempranas distorsionarán sus identidades a medida que compiten por los votos de blancos furiosos contra un rival, Trump, quien ha hecho de la hostilidad hacia inmigrantes su distintivo.
¿Quién sabe qué facetas de sus identidades saldrán a la luz si Cruz o Rubio aún están de pie cuando llegue el momento para que los estados con grandes poblaciones latinas, como Texas, la Florida y California, elijan un delegado.