Todo lo hago nuevo
Envidio a los pastores de Belén en la noche de Navidad. Para ellos la noche, que siempre había sido igual, de repente aparece diferente al aparecérseles un ángel diciéndoles: “No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy un salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2,9-11).
La noche es el escenario perfecto para vivir la novedad. La novedad de la luz en las tinieblas, de las tinieblas en la luz. Y más cuando hay una luz y una oscuridad del cuerpo y una luz y una oscuridad del alma. Todo lo que allí sucede es novedad.
La luz de la noche deslumbró a los pastores llevándolos a ser otros siendo los mismos, al cambiar su miedo en alegría, en lo cual consiste la fascinación, fruto de la presencia de un ángel, la dulcísima cercanía del Creador volviéndoles divino el corazón, como si acabaran de nacer. Inefable novedad.
Aquellos vigías nocturnos, iguales a los Magos, descubren de repente lo que siempre han presentido, que la vida es pura novedad. Nacer es novedad, vivir es novedad, morir es novedad, resucitar es novedad. Aquella noche el Niño que nace es la síntesis de toda novedad. Divina y humana, humana y divina.
Los pastores saben por un instante lo que es el tiempo en la eternidad, la eternidad en el tiempo, al descubrirse eternos en su finitud, y finitos en la eternidad. Dios se hace partícipe de la finitud humana para que el hombre participe de la infinitud divina.
Los pastores descubren que son nuevos los sentidos del cuerpo y las potencias del alma. La novedad es el traje que los envuelve de la cabeza a los pies. Sentimientos nuevos, pensamientos nuevos, palabras nuevas y acciones nuevas. Son otros siendo los mismos, gracias a la novedad.
La noche de Navidad es el descubrimiento de una nueva alianza, la enseñanza nueva de una persona nueva. La enseñanza es la persona, la persona es la enseñanza. “No quieras enviarme / de hoy más ya mensajero / que no saben decirme lo que quiero”, canta S. Juan de la Cruz, comentando: “En lugar de esos mensajeros, tú seas el mensajero y los mensajes”.
Año nuevo, vida nueva. Todo lo nuevo es maravilloso, atrayente, refrescante. Ojos nuevos, oídos nuevos, nariz nueva, boca nueva, manos nuevas y pies nuevos. Síntesis: corazón nuevo.
El año nuevo tiene la novedad que le pone el corazón que palpita de amor.