Columnistas

tRES HISTORIAS DE UNA EPIDEMIA

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23 de marzo de 2020

Hace una semana, una misión médica de la Cruz Roja de China llegó a Italia para colaborar con el gobierno y los médicos en el control de la epidemia de coronavirus que ha provocado el colapso de los hospitales de la región de Lombardía.

A bordo del avión venían más de 30 toneladas de equipos respiratorios y aparatos de control y estimulación cardíaca, mascarillas y otros dispositivos hospitalarios enviados por el gobierno chino. También, un equipo de nueve médicos entrenados en combatir la propagación del coronavirus en la ciudad de Wuhan, foco del brote de la pandemia.

El equipo trabajó toda la semana en Milán, capital de Lombardía. Mientras tanto, en la ciudad, la gente circulaba por las calles sin usar tapabocas, el transporte público funcionaba a plena capacidad y en los hoteles se celebraban cenas y fiestas, al mismo tiempo que la gente contagiada moría en los hospitales.

El jueves, Yang Huichuan, vicepresidente de la Cruz Roja China y responsable del equipo, no soportó más estar callado y, rompiendo todos los protocolos, en una rueda de prensa dijo ante los periodistas: “Lo que está sucediendo ahora mismo en Italia es similar a lo ocurrido en la ciudad de Wuhan. Para acabar con los contagios, es necesario parar toda actividad económica y suspender la movilidad de la gente”. Su advertencia fue perentoria: “¡Todo el mundo debería quedarse en casa en cuarentena!”.

Ese mismo día, China alcanzaba por primera vez desde el comienzo de la pandemia la desaparición de los nuevos contagios locales e Italia se convertía en el nuevo foco mundial de la epidemia, con un número de muertos superior al de China.

En un escenario situado a miles de kilómetros de distancia, el miércoles 18 de marzo, en Ecuador, 14 vehículos oficiales se atravesaron en la pista del aeropuerto internacional de Guayaquil para impedir el aterrizaje de un avión de Iberia que planeaba recoger al menos 200 turistas extranjeros varados, la mayoría españoles, para llevarlos a Europa. El vuelo tuvo que ser desviado a Quito. La orden de bloqueo fue dada por la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, quien asumió la responsabilidad de la medida. La funcionaria está contagiada de coronavirus.

Cuento estas historias porque me hacen pensar en las respuestas de los seres humanos frente a las catástrofes colectivas que nos amenazan, como los terremotos, las guerras y las epidemias. También, porque me hacen preguntarme por las respuestas de los líderes frente a ellas.

En Colombia, por ejemplo, a pesar de las historias de terror que suceden en Italia y España, los líderes del gobierno nacional han reaccionado tarde y algunas de sus medidas han sido erráticas y contradictorias.

“Cuando los humanos se pelean, los virus se duplican” dice el historiador Yuval Noah Harari, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en un artículo de Time que todos deberíamos leer. “Para vencer una epidemia, las personas deben confiar en los científicos, los ciudadanos deben confiar en las autoridades públicas y los países deben confiar entre sí”. Pero, “en los últimos años, los políticos irresponsables han socavado deliberadamente la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en la cooperación internacional. Como resultado, ahora nos enfrentamos a esta crisis desprovista de líderes mundiales”.

Noah Harari cita como ejemplo al actual gobierno de EE. UU. Trump ha recortado el apoyo a entidades como la Organización Mundial de la Salud y ha dejado muy claro al mundo que EE. UU. ya no tiene amigos reales, solo tiene “intereses”.

Acabo esta historia contando que en Brasil, el país con el mayor número de contagios de coronavirus en Latinoamérica, este fin de semana, según los periódicos brasileños, la principal preocupación de Jair Bolsonaro, su “líder” y presidente, es cómo va a celebrar su cumpleaños.