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Tropezar de nuevo (y con la misma piedra)

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02 de agosto de 2017

El domingo, El Tiempo publicó una nueva entrevista de Yamid Amat con el ex jefe del equipo negociador, Humberto de la Calle. Mientras los medios de comunicación exaltaban sus críticas a Germán Vargas Lleras –“Está a una distancia enorme de la paz”–, un grupo de ciudadanos rotaban una petición para que De la Calle sea candidato a la Presidencia de la República.

El político caldense, mencionado como eventual opción del liberalismo, declaró: “La paz debe tener un candidato presidencial apoyado por una coalición”.

Por segunda vez, le dijo a Amat que se la va a jugar para proteger los Acuerdos (la primera fue en mayo, también en El Tiempo, cuando la Corte Constitucional emitió su polémico fallo sobre el fast track).

De la reciente entrevista, me permito transcribir dos extractos:

Yamid Amat: “¿Cree que el Centro Democrático desconocerá los acuerdos de paz si gana la Presidencia de la República?”.

H. D. C.: “No solo lo creo, sino que ha sido explícito y voy a citar las dos frases que ha usado el Centro Democrático. Primero, la más dura, que ‘volverá trizas el maldito acuerdo’, lo cito entre comillas. La más suave es que hará ‘unos correctivos’, pero los correctivos son el corazón del acuerdo: la participación en política de una guerrilla que deja las armas y su rechazo a la Jurisdicción Especial para la Paz. Esas posturas del Centro Democrático arriesgan el cumplimiento de los acuerdos, lo que genera opciones de nueva violencia. Desarmar un grupo rebelde y luego incumplir origina, como ha ocurrido, consecuencias inenarrables”.

Después agregó: “La posición del Centro Democrático genera riesgos en materia de seguridad, peligro de renacimiento de formas de violencia, pero sobre todo elimina la posibilidad de lograr transformaciones que son útiles para la sociedad colombiana”.

Las palabras arriba citadas las profiere quien participó como vocero del Gobierno en la expedición de la Constitución del 91 (tan bonita ella, por liberal), el mismo que lideró un proceso para acabar con una guerra de medio siglo que dejó 7 millones de desplazados y 260.000 muertos.

Al impulso político de De la Calle (sea independiente, con partido o en coalición), hay que darle un golpe de memoria: octubre 2 de 2016.

En aquel momento crucial del país, la miopía centralista menospreció a Antioquia (Juan Manuel Santos que nos da “como a violín prestado”) tanto administrativa cuanto electoralmente (la campaña del sí supuso que promover la reconciliación en uno de los departamentos más violentos de Colombia era cosa de ‘jinglecitos’).

Quedó demostrado que no solo somos una robusta masa votante, sino también peligrosísima: un sector de la población es bastante emotivo además de vulnerable ante las mentiras electorales.

Nuestro departamento no es el fortín del Centro Democrático: es su santuario, foco de peregrinación. Y peor: desde el año 2016, en Antioquia y Medellín hemos estado expuestos a un discurso disciplinado y persistente del uso de la fuerza. La seguridad democrática camuflada, caldeando los ánimos, empeñada en hacer pasar por pacifistas a los pacificadores.

Como dirían las abuelas: después no digás que no se te advirtió, Humberto.