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TRUMP, LA SIGUIENTE DESACELERACIÓN

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11 de octubre de 2016

Por STEVEN RATTNER
redaccion@elcolombiano.com.co

Un empresario billonario republicano se lanza a la presidencia con una plataforma que promueve enormes recortes tributarios para los ricos y sin embargo, cuando su candidatura parece estar en ascenso, los mercados decaen.

Cuando las cosas mejoran para su oponente demócrata, quien no ha tenido empleo alguno en el sector privado en más de dos décadas y quien está proponiendo aumentos de impuestos para los ricos, las acciones suben.

Esta es una paradoja más de la candidatura tumultuosa de Donald Trump: él ha pasado toda su carrera entre ejecutivos, y sin embargo esos electores están votando con dinero en efectivo para que no sea presidente.

Un inversionista de equidad privado quien había votado por un republicano solo una vez, dijo que le teme tanto a una presidencia Trump que ha donado “todos los centavos posibles” de acuerdo con las normas de financiamiento de campaña a Hillary Clinton.

Incluso antes de que se hicieran públicos los comentarios de Trump en el 2005 sobre las mujeres, muchos ejecutivos estaban paralizados por su temperamento y juicio. También piensan que sus posturas en política económica, desde su desprecio por el intercambio hasta sus recortes tributarios que atropellan el presupuesto, son aterradoras.

A medida que la dominancia de Clinton en el primer debate presidencial se hizo aparente, los inversionistas celebraron; mercados alrededor del mundo subieron y el dólar se fortaleció. Un informe de Macroeconomic Advisers, una firma de consultoría económica en St. Louis, estimó que una victoria de Trump causaría que las acciones perdieran un siete por ciento, mientras que una victoria Clinton llevaría a un aumento del cuatro por ciento.

Una encuesta del Wall Street Journal hecha entre 45 ex miembros del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca no encontró a nadie que apoyaría a Trump. (Algunos no respondieron o no quisieron decir.)

Uno de los principales temores en el ámbito empresarial es la postura de Trump en cuanto al intercambio comercial. Aunque Clinton también se ha opuesto al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, Trump ha llevado los ataques contra el intercambio a nuevos niveles, amenazando con movidas retaliatorias como imponer tarifas de 35 por ciento sobre importaciones de México y 45 por ciento sobre las de China.

Un estudio reciente realizado por el imparcial Instituto Peterson para la Economía Internacional estima que, en lugar de traer empleo de regreso a Estados Unidos, las tarifas resultarían en guerras comerciales que podrían costarle a nuestra economía cinco millones de empleos y posiblemente llevaría a una recesión.

Y mientras a los empresarios sí les gustan los recortes tributarios, especialmente para ellos mismos, se preocupan por la magnitud de las reducciones de Trump y la falta de especificidad en cuanto a cómo los piensa financiar.

Por último, las personas en los negocios rechazan tanto moral como económicamente el plan de Trump de deportar a más de 11 millones de inmigrantes ilegales, lo cual según cálculos hechos por el Foro de Acción Americano costaría entre US$ 400 y US$ 600 billones y reduciría el Producto Interno Bruto en US$ 1,6 trillones y se tomaría 20 años.

En total, Moody’s Analytics estima que bajo el plan de Trump, el desempleo se elevaría a casi el 7 por ciento, y se perderían unos tres millones de empleos.

Con regularidad metronómica en sus apariciones durante su campaña, Trump promueve sus cualificaciones como un empresario billonario para solucionar lo que agobia a nuestra economía. Pero sus colegas en el mundo de los negocios no están de acuerdo